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Transformación y salvación

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"Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche... " (Juan 3:1, 2).

La transformación y la salvación de vidas son el propósito del evangelio. Para cumplir este objetivo, desde que el pecado entró en el mundo, Dios ha enviado mensajeros para presentar el camino de salvación, lo que incluye la venida de su hijo, quien encarnó plenamente los valores del mensaje divino. Él vivió con el exclusivo propósito de transformar y salvar personas.

Este es el énfasis del Evangelio de Juan. El apóstol presenta dos capítulos en secuencia, con historias opuestas de transformación y salvación.

En el capítulo 3, narra el historial de Nicodemo, un hombre poderoso que fue transformado después de un encuentro con Jesús. En el capítulo 4, Juan presenta a la mujer samaritana, una mujer desconocida y vulnerable, pero que también tuvo su encuentro con Cristo y fue transformada.

Nicodemo podría haber encontrado a Jesús en público, pero prefirió verlo en privado. Debido a su situación vergonzosa, la mujer podría haberse encontrado con el Maestro en privado, pero su encuentro con él ocurrió en un lugar público.

En esos dos capítulos hay todo tipo de personas: ricos, cultos, respetados y famosos; pobres, con falta de preparación, despreciados y desconocidos. Al representar a las personas ricas y cultas, Nicodemo nos recuerda algo muy importante: un currículo no significa conocimiento espiritual.

Nuestra única esperanza es un encuentro transformador con Jesús. A su vez, la mujer samaritana nos enseña que el evangelio tiene poder pleno de transformación. No importa cuán profundo estemos en el pozo,

Dios siempre acude a nuestro encuentro con perdón y liberación. Esa mujer representa a las personas sencillas e inocentes que se entregan con fe y no tienen vergüenza de asumir su compromiso con Cristo.

Nicodemo y la mujer samaritana ejemplifican la amplitud de la gracia. Las historias de ellos hacen evidente que nadie está fuera del alcance del amor de Dios. No importa quién seas tú, cuál sea tu instrucción, fama o riqueza, o la falta de todo eso, Jesús quiere y puede salvarte la vida.

Recíbelo hoy en el corazón. Permite que la Palabra de Dios inunde tu corazón y experimente la transformación y la salvación que solo el evangelio puede producir.