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Presta atención

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“Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí" (Éxodo 3:4).

La escena realmente llamaba la atención: un arbusto que ardía en fuego, pero no se consumía. Moisés se acercó para observar mejor la escena y, por un momento, todo lo demás pasó a un segundo plano. Fue entonces que Dios habló con él.

Durante aquellas décadas en el desierto, Moisés había aprendido a estar en sintonía con la voluntad divina. Al respecto, Elena de White menciona: "A medida que pasaban los años y erraba con sus rebaños por lugares solitarios, meditando acerca de la condición oprimida en que vivía su pueblo, Moisés repasaba el trato de Dios hacia sus antepasados, las promesas que eran la herencia de la nación elegida, y sus oraciones en favor de Israel ascendían día y noche. Los ángeles celestiales derramaban su luz alrededor de él" (Patriarcas y profetas, pp. 255, 256). El desierto había cumplido su papel. Moisés había dejado de lado la autosuficiencia de Egipto y había desarrollado la dependencia del Señor.

Hoy debemos aprender a tener esa misma sintonía. Corremos el riesgo de estar demasiado ocupados, sin tiempo para prestar atención a lo que realmente es importante. Hacemos muchas cosas para Dios, pero, desafortunadamente, dedicamos poco tiempo a conocerlo y a escuchar lo que él realmente tiene para decimos.

Un campesino había perdido en un silo un costoso reloj que, además, tenía un gran valor sentimental. Después de buscarlo sin éxito, decidió pedirle ayuda a un grupo de niños y prometió ofrecer un buen regalo a quien lo encontrara. Pero, aun así, el reloj seguía sin aparecer. Uno de los niños entonces pidió intentarlo nuevamente. Sin nada que perder, el campesino autorizó al muchachito a entrar en el silo. No pasó mucho tiempo y el niño salió alegre con el reloj en la mano. Todos se sorprendieron y querían saber cómo lo había logrado. La respuesta fue simple: "Me senté en el suelo, hice silencio, escuché el tic tac del reloj y busqué en el lugar correcto".

Hoy, deja de lado el movimiento; detente, escucha y mira en la dirección correcta. "Muchos, aun en sus momentos de devoción, no reciben la bendición de la verdadera comunión con Dios. Están demasiado apurados.

[ ... ] No tienen tiempo para permanecer con el divino Maestro. [ ... ] Tienen que dedicar tiempo a pensar, orar, esperar que Dios renueve sus energías físicas, mentales y espirituales" (La educación, p. 260).

El consejo de Dwight Moody es el siguiente: "Dedica quince minutos por día para hablar con Dios, quince minutos para que Dios te hable; y verás que el resto del día no será suficiente para contar todo lo que Dios hizo por ti en esa media hora".