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Fe más profunda

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“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10).

El famoso millonario, filántropo y escritor estadounidense Andrew Carnegie decidió analizar la historia de personas que fueron exitosas a pesar de las dificultades que enfrentaron. El escritor llegó a dos conclusiones: “Primero, cada uno sufre inevitablemente derrotas temporarias, de maneras diferentes, en las ocasiones más diversas. Segundo, cada adversidad trae consigo la semilla de un beneficio equivalente”. Y siguió: “Cada vez que alguien supera algún revés, se hace mental y espiritualmente más fuerte”.

Las crisis, los problemas y las dificultades se resuelven con fe y no con desesperación. Por eso, el apóstol Pablo, en medio de duras pruebas, afirmaba: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Esa fe profunda que vence las pruebas más difíciles debe madurar al pasar por tres niveles.

El primero es el de la fe con evidencias, en el que tú confías porque la situación te incentiva a confiar. Pueden haber muchas razones para eso: ejemplos de personas que vencieron, demostraciones del amor de Dios en tu vida o quizá hasta la falta de alternativas más que entregar todo en las manos de Dios.

El segundo nivel es el de la fe sin evidencias. Esta es una etapa más desafiante y difícil en la que tú aprendes a confiar cuando nadie ha enfrentado el problema antes, no hay ejemplos positivos a tu alrededor, las oraciones no tienen respuestas o recibes consejos de abandonarlo todo.

El tercer nivel es el de la fe en contra de las evidencias, que es el más complejo. Todo indica que tú no debes confiar, pero te sientes desafiado a depender solamente del Señor. Cuando ves que otros tuvieron la misma enfermedad y no lo resistieron, enfrentaron la misma prueba y perdieron la batalla, intentaron y no lo lograron, ¿dónde encontrarás las fuerzas para seguir adelante?

Para esa fe más profunda, hay una promesa más poderosa: “Los que más padecen reciben mayor medida de su simpatía y compasión. Lo conmueven nuestros achaques y desea que depongamos a sus pies nuestras congojas y nuestros dolores, y que los dejemos allí” (El ministerio de curación, p. 193).

Recuerda que las pruebas que enfrentamos aumentan nuestra fe. Permite que Dios desarrolle tu confianza en él en cualquier circunstancia, incluso en las dificultades.