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Todos son ángeles

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“...De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40).

Al enviar a 25 familias de misioneros a algunos de los países más desafiantes del planeta, la Iglesia Adventista en Sudamérica pensó en “pagar su deuda” con el resto del mundo. Después de todo, cuando no había presencia adventista en nuestros países, personas de otras tierras vinieron a comenzar la iglesia aquí. Ahora que crecimos y tenemos una iglesia fuerte, debemos hacer lo mismo.

En julio de 2017, realizamos el concilio ministerial en la Universidad Adventista del Medio Oriente, en Beirut, capital del Líbano, con las 17 familias de misioneros sudamericanos que trabajan en Medio Oriente y el norte de África. ¡Fue impresionante escuchar sus experiencias!

Uno de los momentos más conmovedores fue cuando cada participante del concilio visitó una familia de refugiados sirios que vive en la ciudad. Fui a un lugar muy sencillo, sin muebles, solo con algunos colchones en el suelo.

Durante nuestra conversación con los habitantes de esa casa, el pastor Günther Wallauer, uno de los misioneros brasileños en el Líbano, le preguntó a la familia si tenían alguna necesidad especial. Olvidándose de las otras necesidades, ellos pidieron ayuda para conseguir un pasaporte para el padre de la familia, pues él deseaba visitar a los familiares que habían migrado a Irak. Al escuchar el sueño de aquel refugiado, el pastor Günther le prometió volver en los días siguientes para ir juntos a la embajada y resolver el problema.

Completé la promesa diciendo que podían quedarse tranquilos, ya que el pastor sería un ángel de la guarda para ellos. Las palabras que siguieron, expresadas por la persona, me conmovieron profundamente: “Para nosotros, todos los adventistas son ángeles”. Y comenzó a contarnos cómo algunos voluntarios habían cuidado de las necesidades básicas de la familia, llevándoles comida, ofreciendo educación a los hijos y tratando la salud del esposo, quien había sufrido de cáncer el año anterior.

¿Y tú? ¿Has sido realmente un “ángel” para alguien, cuidando de aquellos a quienes Dios pone en tu camino, de sus necesidades espirituales, emocionales o incluso financieras? Recuerda lo que dice Elena de White: “A menos que haya sacrificio personal por el bien de otros en el círculo familiar, en el vecindario, en la iglesia, y en dondequiera que podamos, y cualquiera sea nuestra profesión, no somos cristianos” (El Deseado de todas las gentes, p. 465).