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El constructor de la familia

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“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmo 127:1).

En el libro Cómo ser un héroe para sus hijos, Josh McDowell y Dick Day sugieren seis principios que pueden ayudar en gran manera a los padres para que tengan éxito en el proceso de educación: aceptación, apreciación, afecto, disponibilidad, responsabilidad y autoridad. Estos hacen una gran diferencia cuando se aplican de manera equilibrada y responsable.

Para que estos principios puedan dar el mejor resultado posible, los padres deben ofrecerlos por medio de una mezcla de las orientaciones correctas y el ejemplo adecuado. La parte más fácil tiene que ver con las palabras, las enseñanzas y los consejos. Y siempre es más fácil hablar y teorizar. El desafío está en el ejemplo personal. Si tú eres capaz de vivirlo, puedes enseñarlo. Si tú lo practicas, inspirarás a tus hijos a hacerlo también. Después de todo, como dice el dicho: “La fruta nunca cae lejos del árbol”.

Siempre que les pregunto a jóvenes fieles y bien educados qué hicieron sus padres para que ellos sean así, escucho poco sobre los consejos que recibieron y mucho sobre los ejemplos de vida. El ejemplo siempre habla más alto que las palabras. Por eso, vive de forma que, cuando tus hijos piensen en fidelidad, justicia, honestidad, generosidad e integridad, te recuerden a ti e imiten tus pasos.

Sin embargo, hay un principio mayor: “Si Dios no construye la casa, de nada sirve que se esfuercen los constructores” (TLA). La sociedad, la escuela y la iglesia tienen un papel importantísimo en la transmisión de valores, pero “si Dios no construye la casa”, todos los esfuerzos darán pocos resultados.

Otra vez la actitud de los padres marca toda la diferencia. “Mediante oraciones sinceras y fervientes, los padres deberían alzar como una valla alrededor de sus hijos” (Consejos para la iglesia, p. 221). Cuando hacen eso, “cooperan con él y él coopera con ellos en la salvación de las almas de aquellos hijos por quienes Cristo murió” (El hogar cristiano, p. 273).

Dios solo actuará en la educación de los hijos si está activo en el corazón de los padres. Por eso, el pedido del Señor es: “Trabajen por impedir que sus hijos se ahoguen en las influencias viciosas y corruptoras del mundo, como si estuviesen trabajando por su propia vida” (Conducción del niño, p. 292).

Permite que Dios sea el gran Educador. Usa las palabras con sabiduría y haz de tu ejemplo una lección de coherencia.