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Riesgos y oportunidades

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“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

La velocidad de la popularización de Internet llama la atención. Mientras que la radio tardó 38 años para llegar a ser un medio de masas, y la televisión tardó 13, a Internet solo le tomó 4 años. Además, es posible acceder a Internet desde cualquier lugar. El número de usuarios está en el casillero de los miles de millones: casi el 45 % de los habitantes del planeta, y la mayoría accede por medio de celulares. Son personas que, probablemente, se pasarán el 10 % de sus vidas navegando en las redes sociales.

En poco tiempo, Internet logró una revolución, pero aún genera opiniones divididas. ¿Cómo deberíamos relacionarnos con el mundo virtual? ¿Huyendo de los riesgos o aprovechando las oportunidades? Nuestro desafío no es evitarlo, sino aprender a usarlo correctamente, siempre para edificar y nunca para herirnos a nosotros mismos ni a los demás.

Las oportunidades son muchas y fáciles de identificar. Cuando se lo utiliza bien, Internet acerca a las personas y derriba barreras de cultura y lugar. Facilita la predicación del evangelio, habla el lenguaje de las nuevas generaciones y acompaña la velocidad del mundo. Por eso, la iglesia se ha insertado en los medios digitales y ha aprovechado esas oportunidades para el cumplimiento de la misión.

Sin embargo, Internet presenta graves riesgos que deben evitarse para no comprometer la pureza, el equilibrio e incluso la salvación. El mayor de estos riesgos es el del contenido inapropiado, tan accesible, que incluso facilita el camino a las tentaciones más peligrosas. Otros riesgos incluyen el exceso de distracción, que roba el tiempo y obstaculiza la concentración en la comunión con Dios; la exhibición personal, revelada por medio de las interminables selfies y de la sobreexposición de la vida personal; el aislamiento social, que crea un mundo irreal y nocivo; y las opiniones apresuradas, desinformadas y agresivas, que provocan crisis innecesarias, lo que hiere a las personas y muestra una maldad que puede provenir incluso de alguien que utiliza el nombre de Dios para herir a los demás.

No permitas que Internet sea un riesgo para tu vida y que te lleve a la perdición. Utilízalo como una herramienta para predicar en la velocidad que exigirán los últimos acontecimientos antes del regreso de Cristo.