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La iglesia de mis sueños

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“Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo” (Hechos 9:31).

Durante mi ministerio, trabajé en dos distritos pastorales en la ciudad de San Pablo: Jardim Lilah y Alvorada. La mayor parte de ese tiempo estaba aún soltero y no tenía ordenación ministerial, pero los hermanos me apoyaron y enseñaron.

Uno de los momentos más desafiantes fue la transferencia al segundo distrito. Se trata de una iglesia con más de mil miembros que siempre había tenido pastores con experiencia y que, en aquel momento, recibía a un joven que llevaba dos años de ministerio. La iglesia me acogió de manera muy especial y pasé a ser parte de aquella gran familia. Los años que trabajé allí fueron inolvidables.

Fui presentado el sábado 1° de febrero de 1992, y tuve solamente siete minutos para predicar. En ese poco tiempo, hablé sobre la iglesia de mis sueños. Mencioné a la iglesia apostólica, que fue bautizada con el Espíritu Santo, vivió en paz con la comunidad, creció en fidelidad y fue intensa en la misión. Como resultado, la iglesia de los ojos de Dios, “crecía en número” (Hech. 9:31).

La iglesia de mis sueños mantiene los valores y los principios de los pioneros, pero se presenta de modo actualizado y relevante para nuestros días. Después de todo, ya no somos la iglesia de las décadas de 1950, 1960 o 1980. El mundo cambió, y nuestros desafíos son diferentes. Debemos enfrentar la realidad actual y encontrar caminos para levantar a una generación dispuesta a vivir y predicar el “evangelio eterno” de manera comprensible y relevante para estos días.

La iglesia de mis sueños es intensa en la comunión. Estudia la Biblia, ora y busca el poder del Espíritu Santo. Es fiel, vive en armonía con Dios y no en sintonía con el mundo. Ama el regreso de Jesús. Canta, predica, vive y comparte nuestra gran esperanza. Está comprometida con la misión. Existe para llevar personas a Jesús y, por eso, no pierde el objetivo ni se distrae con otras actividades.

Además, es acogedora; vive como una familia, usando sus Grupos pequeños y otras comunidades relacionales para integrar, desarrollar y movilizar. Es relevante en la comunidad. Existe para predicar y salvar, pero también para amar y servir, y mejora el lugar en el que está. Prepara discípulos. En ella hay gente que cuida de gente y, por ese motivo, crece en comunión, relación y misión.

¿Es esa también la iglesia de tus sueños? Juntos podemos llegar a ese ideal. No esperes a los demás. Haz tu parte con dedicación y oración y, así, la iglesia de tus sueños se hará realidad.