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Un gran Dios

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“Examíname, oh Dios... pruébame... y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23, 24).

El Salmo 139 es considerado la corona de los salmos. En este poema inspirado, el salmista destaca algunos de los atributos incomunicables de Dios, y se rinde en alabanza y exaltación frente a su presencia, su poder y su sabiduría.

En la primera estrofa (vers. 1-6), David presenta la omnisciencia de Dios. Esa característica divina permite que nuestra mente sea constantemente “escaneada” por Dios, de manera que los motivos de nuestro corazón puedan ser evaluados y orientados por él. Nada pasa desapercibido para la sabiduría infinita. Dios lo sabe todo. Conoce como nadie las luchas que enfrentamos y emplea todo ese conocimiento para bendecir a sus hijos.

En la segunda estrofa (vers. 7-12), el salmista habla de la omnipresencia de Dios. Él está en todos los espacios, desde el más alto cielo hasta la región más profunda de la Tierra. Ni Jonás dentro de un gran pez, ni Elías en el interior de una cueva, ni Daniel en el foso de los leones ni sus compañeros en el horno ardiente, estuvieron fuera del alcance de Dios. Estamos siempre delante de él, aunque parezca que estamos solos.

En la tercera estrofa (vers. 13-18), David se refiere a la omnipotencia divina. Jehová es capaz de hacer todas las cosas. Nadie puede detenerlo. Él transformó el mar en tierra seca, una roca en fuente de agua, y cinco panes y dos peces en comida para una multitud. Él anduvo sobre las aguas, transformó la enfermedad en salud, la culpa en perdón, y continúa haciendo milagros para restaurar vidas.

En la cuarta estrofa (vers. 19-24), aquellos que reconocen la grandeza de Dios demuestran el deseo de vivir con él. Por ese motivo, David concluye el salmo con tres oraciones: “Examíname”, pidiendo a Dios que lo haga a fondo; “pruébame”, buscando un mayor refinamiento; y “guíame por el camino eterno”, expresando su sumisión ante los planes del Señor.

Tenemos un gran Dios y podemos confiar nuestra vida a sus cuidados. “Por nosotros mismos somos incapaces de hacer alguna cosa buena; pero lo que nosotros no podemos hacer será hecho por el poder de Dios en toda alma sumisa y creyente” (El Deseado de todas las gentes, p. 73).

A lo largo de este día, recuerda que estás en la presencia constante de un Dios todopoderoso que sabe todas las cosas. Con él, tú nunca estarás solo, no podrás ser vencido por el miedo, y tendrás siempre la seguridad de andar por el camino de la eternidad.