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Hambre de la Palabra

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“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:11).

La combinación de algunas situaciones en estos últimos meses llamó mi atención a la cantidad de personas que están en búsqueda de Dios. En una caminata con mi familia encontramos un matrimonio de jubilados, conversamos un poco y terminamos hablando de asuntos espirituales. Al terminar la charla, el esposo pidió estudios bíblicos para entender mejor el Apocalipsis.

Poco después, asistí al bautismo de una familia alcanzada por una profesora de la escuela adventista. Ella había pedido autorización de los padres para llevar a la hija de ese matrimonio a un culto de sábado por la mañana. Quedó sorprendida cuando los padres le preguntaron si ellos también podrían ir a la iglesia. La profesora aprovechó la oportunidad y estudió la Biblia con ellos.

Un mes después, realicé una semana de evangelismo, que fue transmitida por Internet. Fue impresionante ver la cantidad de computadoras conectadas cada noche, los pedidos de estudios bíblicos y de bautismo, además del contacto con grupos que estaban reunidos para presenciar la transmisión en Sudamérica y en otras partes del mundo.

Las personas están más carentes de lo que podemos imaginarnos. Según el profeta Amós, Dios despertaría esa “hambre” no solamente en los días de Israel, sino especialmente ahora, en el tiempo del fin. El Espíritu Santo está tocando corazones sinceros. Las personas están más necesitadas y no encuentran solución en las promesas humanas; están confundidas, y quieren un mensaje bíblico más claro y profundo. Necesitan de un milagro que solamente Dios puede realizar.

Somos llamados a saciar esa “hambre”, no con lo que las personas quieren sino con lo que realmente necesitan. Para eso, nuestro objetivo principal debe ser la misión. Cada contacto personal, negocio, amistad, publicación en las redes sociales e, incluso, los eventos de la iglesia, los materiales, las estructuras, los sistemas, los edificios... todo deberá ser usado para salvar. Podemos usar libros, DVD, televisión, radio, Internet o redes sociales; pero estos son solamente medios. La misión realmente ocurre cuando hay compromiso y contacto personal.

Haz tu parte. No pierdas oportunidades. Da un testimonio positivo y estudia la Biblia con alguien. Tú puedes ayudar a saciar el “hambre” espiritual de las personas y prepararlas para el cielo.