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Las oportunidades de Dios

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“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37).

No fue fácil para Jesús contemplar a Jerusalén, la ciudad elegida, y aceptar que había sido definitivamente rechazado por ella. Lloró al pensar en las oportunidades desperdiciadas y en aquello que todavía debía suceder. ¡Qué diferente podría haber sido la historia! Poco tiempo después del lamento del Salvador divino expresado en el versículo de hoy, la mayor expresión de rechazo hacia Jesús se verificaría en la cruz.

Era el anuncio previo del final de las oportunidades de Dios para la ciudad de Jerusalén. Después del año 34 de nuestra era, las oportunidades continuarían solo para aquellos que aceptaran a Jesús individualmente.

¿Puede terminar la oportunidad de arrepentimiento también para nosotros? Existen tres momentos en los que puede ocurrir. El primero está en el futuro; será poco antes del regreso de Cristo, cuando la puerta de la gracia se cierre. El veredicto será emitido (Apoc. 22:11) y nadie más podrá cambiar de lado. Terminarán las oportunidades.

Sin embargo, hay dos momentos en el presente. El primero de ellos se llama “el pecado contra el Espíritu Santo”. El propio Jesús explicó que este tipo de ofensa no sería perdonado (Mat. 12:32). ¿Qué es este pecado? ¿Se trata de un crimen, de un escándalo o de una equivocación sin solución? No es un acto específico, sino un proceso de irse apartando, por el que Dios sigue hablando y el ser humano no logra escuchar más su voz.

Imagina a Dios y al ser humano en su límite, que es la puerta del corazón. La persona del lado de adentro y Dios del lado de afuera. Cada vez que él golpea la puerta y muestra el camino, tú dices: “No” y das un paso atrás. Cuanto más lo rechazas, más te distancias. Dios continúa en el mismo lugar, pero tú vas tan lejos que ya no consigues escuchar más la voz del Espíritu Santo. Sin ella, no tendrás posibilidades de arrepentimiento ni podrás aceptar el perdón ofrecido. ¡Cuidado con los “No” que hayas dicho a Dios!

El segundo momento es el fin de la vida. Cuando llega la muerte, las oportunidades se terminan. Y si terminaran hoy, ¿cómo estarías tú? No podemos elegir la hora en que esto ocurrirá, pero podemos definir cuál será nuestra condición. Vive cada día como si fuese el último, siempre en la presencia del Señor.

No dejes pasar las oportunidades de Dios. El momento de clamar por el poder del Cielo y hacer las elecciones correctas es ahora.