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Dios con nosotros

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“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1:23).

¿Cómo enfrentas situaciones que parecen mayores que tu capacidad de solucionarlas? ¿Cómo reaccionas cuando el llamado de Dios exige una alta dosis de renuncia o de sacrificio?

En esas horas, solamente una certeza es capaz de sustentarnos. En una especie de moldura, el libro de Mateo comienza y termina reafirmando la presencia de Dios con nosotros. En el comienzo del libro, aparece el versículo bíblico de hoy, en el que se presenta a Jesús como Emanuel, que significa “Dios con nosotros” (Mat. 1:23). En la conclusión, Mateo presenta a Jesús reafirmando la promesa de su presencia: “Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (28:20, NVI).

No necesitamos tener miedo, ansiedad o inseguridad, pues no estamos solos. Avanzamos rumbo al futuro con confianza no porque lo conozcamos, sino porque está en las manos de nuestro Dios.

Un predicador pidió a su congregación que permaneciera en silencio por algunos segundos. Enseguida encendió una radio y pasó por diferentes estaciones. Comenzaron a escucharse todo tipo de sonidos. Entonces comenzó su aplicación: “¿De dónde provinieron esos sonidos? ¿Surgieron de la propia radio? ¡No! Estaban en el aire, a nuestro alrededor, con ondas tan reales como mi voz. No podemos verlas, pero eso no significa que no existan”.

Aunque no puedas verlo, o muchas veces aparezca solo un par de huellas en la arena, avanza confiando en que la compañía del Señor es real. “Cualquiera sea nuestra situación, tenemos un Guía para dirigir nuestro camino; cualesquiera sean nuestras perplejidades, tenemos un seguro Consejero; sea cual fuere nuestro dolor, duelo o soledad, tenemos un Amigo que simpatiza con nosotros. Si en nuestra ignorancia damos pasos equivocados, Cristo no nos abandona” (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 136, 137).

Con todas estas promesas, podemos cambiar el miedo por la confianza. Un conocido escritor reflexionó: “El miedo nunca escribió una sinfonía o un poema, negoció un tratado de paz o curó una enfermedad. El miedo nunca sacó a una familia de la pobreza o a un país de la intolerancia. El miedo nunca salvó un matrimonio o un negocio. El valor hizo esto. La fe realizó esto”.

Por eso, sigue adelante con fe, y en la seguridad de que Dios está a tu lado todos los días, del comienzo al fin.