Regresar

Los cuatro "todos"

Matutina para Android

Play/Pause Stop
“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20).

La Gran Comisión presentada por Jesús destaca cuatro “todos”. Necesita de un compromiso total, pues: “Cualquiera sea la vocación de uno en la vida, su primer interés debe ser ganar almas para Cristo” (El Deseado de todas las gentes, p. 761). Para esa obra tan relevante y abarcadora, tenemos cada uno de los “todos” dejados por Jesús.

Toda autoridad. El nombre de Jesús tiene poder: abre puertas, toca corazones insensibles, soluciona problemas imposibles, levanta personas abatidas, restaura mentes emocionalmente enfermas y rescata vidas espiritualmente destruidas. Es en nombre de él que cumplimos la misión.

Todas las naciones. Nuestra obra es local, pero la visión es mundial. Tenemos el concepto claro de que Jesús no va a regresar exclusivamente para nuestra región. Mientras cuidamos de nuestro territorio, extendemos los brazos para ayudar a otras regiones carentes del mundo. Enviamos misioneros, apoyamos proyectos de voluntariado, compartimos diezmos y ofrendas y, algunas veces, hacemos sacrificios locales para invertir en proyectos globales. Somos llamados a desarrollar movimientos simples, osados y relevantes que alcancen a las personas donde ellas están, del otro lado de la calle o del otro lado del mundo.

Todas las cosas que les he mandado”. Nuestro mensaje es completo. No es solamente racional, devocional o unilateral. No abarca meramente lo que es actual o lo que traerá el aplauso general. No presentamos únicamente lo que las personas desean escuchar ni solo lo que nos gusta predicar, sino el evangelio eterno y completo de la Palabra de Dios. Un mensaje distintivo, de un pueblo remanente, con fundamento profético, que transforma la vida en la Tierra y prepara la vida para el cielo.

Todos los días. Es la seguridad de que el Señor estará con nosotros cuando la misión sea fácil o cuando sea difícil, cuando estemos felices o tristes, si los resultados son los esperados o si tenemos frustraciones. Es la convicción de que cuando la vida está en las manos de Dios no hay derrotas, solamente aprendizaje y crecimiento.

Vamos a hacer de la misión el “todo” de la iglesia, confiando en todas las promesas de Jesús.