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“Así que, no juzguéis nada antes de tiempo” (1 Corintios 4:5).

“¿Por qué trasladó a nuestro pastor?” Así comenzó la conversación con un anciano de iglesia que acababa de conocer. Quedé sorprendido porque no tenía ningún contacto con la iglesia ni con el pastor que había mencionado. Después de algunas explicaciones, entendí que el malestar había sido generado por una información que le había llegado en relación con que la transferencia había sido una orientación directa del presidente de la División Sudamericana. Le expliqué al anciano que no es así como la iglesia trabaja. Fue interesante observar cómo las personas aceptan muchas conversaciones como verdad, y sacan conclusiones sobre determinados asuntos sin conocer mejor la realidad.

En las redes sociales es posible observar cómo algunas personas discuten cuestiones complejas de forma impulsiva, apasionada y sobre la base de informaciones que no son reales. En esos casos, es muy útil el consejo del estadista y primer ministro británico Winston Churchill: “Es necesario tener valor para levantarse y hablar, pero es necesario tener más valor para sentarse y escuchar”.

Es increíble observar cómo surgen afirmaciones sobre hechos que nunca ocurrieron, artículos basados en comentarios de terceros, acusaciones y duras críticas “fundamentadas” en suposiciones. Gente que hace esto no tiene ni idea de cuántos días y horas se ocupan en reuniones, discusiones y oración en busca de la voluntad de Dios para las decisiones que se toman en la iglesia.

En asuntos complejos es necesario conocer mejor antes de emitir opiniones, construir conceptos, producir contenidos, grabar videos, promover reuniones o influir sobre las personas. El consejo del apóstol Pablo continúa siendo actual: “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo” (1 Cor. 4:5). Recuerda que “los sabios hablan porque tienen algo que decir; los tontos, porque tienen que decir algo” (Platón).

En nuestra experiencia como familia adventista, necesitamos cultivar la prudencia, conocer más, tener profundidad, ir a la fuente, entender el contexto y saber lo que realmente es verdad antes de manifestarnos. Solo alcanzaremos ese ideal si avanzamos con las rodillas en el piso y la Biblia en las manos, con la seguridad de que “nuestros mayores desafíos siempre preceden a nuestros mayores milagros” (Mark Finley). Que tu fe esté afirmada en Dios y en su Palabra, ¡no en chismes!