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Juzga menos y ama más

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“Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?” (Juan 12:4, 5).

Durante el banquete ofrecido por Simón para homenajear a Jesús, María aprovechó para ungir a su maestro. Y sin saberlo, lo preparó para los momentos finales, que acontecerían en una semana.

Cuando el perfume se desparramó por el ambiente y la atención de todos se dirigió hacia el homenaje de María, no faltaron críticas y juicios. Simón juzgó a Jesús por comer con pecadores, cuando él mismo había sido quien había arrastrado a María al pecado.

Por otro lado, Judas criticó a María por gastar tanto dinero en un perfume, en vez de usar el dinero para ayudar a los pobres. Sin embargo, Elena de White afirma: “Judas no tenía amor por los pobres. Si el ungüento de María se hubiese vendido y el importe hubiera caído en su poder, los pobres no habrían recibido beneficio” (El Deseado de todas las gentes, p. 513). Dice, además, que “Judas era tenido en alta estima por los discípulos, y ejercía gran influencia sobre ellos. [...] Sus sugerencias excitaban constantemente un deseo ambicioso de preferencia temporal, y así apartaban a los discípulos de las cosas importantes que debieran haber considerado” (ibíd., pp. 664, 666, 667).

Judas fue muy duro. “María oyó las palabras de crítica. Su corazón temblaba en su interior. Temía que su hermana la reprendiera por derrochadora. El Maestro también podía considerarla impróvida. Estaba por ausentarse sin ser elogiada ni excusada, cuando oyó la voz de su Señor: ‘Dejadla; ¿por qué la molestáis?’ ” (ibíd., p. 514).

¡Cuidado con el juicio! Todavía recuerdo una entrevista concedida por uno de los jueces jubilados del Supremo Tribunal Federal de Brasil. Al preguntársele si estaba de acuerdo con un procedimiento de la operación “Lava jato” que combatía la corrupción en Brasil, respondió: “En principio no concuerdo, pero no puedo insistir en mi opinión. Los jueces que tomaron esa decisión deben tener informaciones que yo no tengo. Cuando estaba en la Corte, sabía cosas que el público no sabía, y sobre la base de ellas tomaba mis decisiones”.

Las cosas pueden no seguir la lógica que tú esperas ni ser como son en tu pensamiento. Siempre existe el otro lado de la moneda. Mientras Simón y Judas preferían juzgar, María decidió amar, y Jesús aprovechó para salvar. Juzga menos y ama más.