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Cristo Redentor

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“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” (1 Pedro 2:4).

El Cristo Redentor fue elegido como una de las siete maravillas del mundo moderno, y en 2012 se transformó en patrimonio de la humanidad por decisión de la Unesco. El monumento fue proyectado por el ingeniero brasilero Heitor da Silva Costa, y construido desde 1922 hasta 1931 en hormigón armado y piedra jabón, con la colaboración de los franceses Paul Landowski y Albert Caquot.

La obra mide 38 metros y equivale a un edificio de 13 pisos. Sus brazos abiertos miden 28 metros y, por estar emplazada en la cumbre de una montaña, la estatua fue proyectada para resistir huracanes de categoría 5.

A pesar del símbolo y de la imponencia de esta obra de arte, tenemos que reconocer que sus brazos, su corazón, sus ojos y su rostro son todos de piedra.

¡Nuestro Cristo es diferente! Es más que una postal; no fue construido por profesionales y no está establecido en el mismo lugar hace casi noventa años. Según el apóstol Pedro, él es “piedra viva” (1 Ped. 2:4). Juan lo presenta “levantado de la tierra” y atrayendo a todos hacia él (Juan 12:32). El apóstol Pablo revela que sus brazos están abiertos para alcanzar a todos e invita: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:16). Elena de White declara: “Su gran corazón lleno de amor se conmovió hasta lo más profundo en favor de aquellos cuya condición era más desesperada, de aquellos que más necesitaban su gracia transformadora” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 568).

Nuestro Cristo es aquel que fue predicho en el Antiguo Testamento, revelado en los evangelios, predicado en Hechos, explicado en las Epístolas y esperado en el Apocalipsis. En él tenemos un amor que jamás será completamente comprendido; paz que no será perturbada; descanso que nunca será interrumpido; alegría que jamás desaparecerá; luz que jamás se apagará; fuerza que no podrá ser vencida; belleza que jamás se marchitará; pureza que nunca será manchada; recursos que no se agotarán y salvación que no nos podrá ser retirada.

El verdadero Cristo Redentor está con los brazos abiertos para ti. Jesús es la “piedra viva”, y eso significa que no permanece estático frente a tus desafíos. Él se mueve para abrazarte y bendecir tu vida.