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Renueva la esperanza

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“Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán” (2 Pedro 3:12).

Como en los días de hoy, en el tiempo de Pedro también había dudas y confusión sobre el regreso de Jesús. Sin embargo, el apóstol no dio lugar a esos pensamientos. Enfrentó la presión, el alarmismo, las interpretaciones desequilibradas, y renovó la certeza de nuestra esperanza.

¿Mantienes firme tu confianza en el pronto regreso de Jesús? ¿Has sentido tu fe vacilar? Desde hace mucho tiempo hemos escuchado, predicado y cantado sobre la Segunda Venida. Algunos han dejado de creer en la promesa, pero la aparente tardanza de Jesús es un acto de misericordia. Su deseo es salvar a más personas. No hay espacio para la duda. Elena de White deja en claro: “El Señor está por venir. Oímos los pasos de un Dios que se aproxima” (El evangelismo, p. 221).

Para renovar tu esperanza, la segunda carta del apóstol Pedro presenta una secuencia de tres consejos en los tres últimos versículos del capítulo tres:

Sé fiel.Los que estén realmente preparados vivirán “en santa y piadosa manera de vivir” (2 Ped. 3:11). Solamente irá al cielo quien viva el cielo en la Tierra. No porque Dios no quiera salvar a todos, sino porque la fidelidad indica cuánto realmente queremos estar allá.

Permanece activo.Es necesario esperar y apresurar (2 Ped. 3:12) de manera intensa la venida de Jesús. Con comunión diaria, estudio de la Biblia y oración, esperamos a Jesús; pero también enfrentamos así al enemigo, entendemos el tiempo de Dios y estamos siempre preparados para su regreso. No hay ansiedad o desesperación, sino confianza y paz. Cuando predicamos el “evangelio del reino en todo el mundo” (Mat. 24:14), apresuramos nuestra esperanza. Cuanto más intensa sea la misión, más cerca estaremos de nuestra redención.

No podemos desperdiciar tiempo inventando nuevas interpretaciones, sembrando crítica, miedo o agitación, sino debemos estudiar la Biblia con amigos y llevar personas a la salvación. Elena de White motiva: “Es el privilegio de cada cristiano no solo esperar, sino apresurar la venida del Salvador” (Los hechos de los apóstoles, p. 495).

Mantén la esperanza. Los tiempos serán difíciles, pero la Palabra es fiel: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Ped. 3:13). Tú puedes continuar confiando en aquel “que es y que era y que ha de venir” (Apoc. 1:8). Por eso, renueva hoy tu esperanza en Jesús; él nunca falla.