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Estamos de mudanza

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“Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10).

Las mudanzas no son movimientos fáciles, aunque sean dentro del mismo barrio o de la misma ciudad. Embalar las cosas, descartar lo innecesario, desvincularse del lugar y proyectar la adaptación para la nueva realidad comprende organización, disciplina, equilibrio y planificación. Toda mudanza es una oportunidad para que la familia realice un balance de lo que tiene, se despegue de lo que no sea útil y se adapte a una nueva realidad.

Las mudanzas de país son aún más complejas. A las familias de los misioneros que la iglesia envía a otras culturas, por ejemplo, se las orienta sobre los cuidados necesarios para que se establezcan en el nuevo lugar. Es necesario amar a las personas y al lugar, identificarse y ofrecer lo mejor, pero también recordar que la estancia en el campo misionero es por un tiempo limitado. Eso significa que es necesario prepararse para la mudanza cuando llegue el momento de volver a casa.

Estamos de mudanza hacia el cielo, y los mismos principios pueden ilustrar muy bien nuestra actitud al dejar este mundo y soñar con la patria celestial. Debemos recordar que estaremos aquí por poco tiempo, y que nuestras prioridades deben orientarse por la esperanza que pulsa en nuestro corazón.

Nuestras creencias, predicaciones e himnos hablan sobre un lugar del que nunca deberíamos haber salido y donde queremos volver muy pronto. Elena de White se hace eco de esta idea: “El cielo debe llenar nuestro corazón y nuestra vida diaria” (Cada día con Dios, p. 318). “Vamos hacia la patria. El que nos amó al punto de morir por nosotros nos ha edificado una ciudad. La nueva Jerusalén es nuestro lugar de descanso” (Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 228).

Estamos de mudanza, y es tiempo de sintonizar nuestra mente en la frecuencia del cielo. De esta manera aprenderemos a valorar lo que Dios valora y, como el apóstol Pablo, consideraremos todo como pérdida por amor a Cristo. Toda nuestra vida debe estar alineada con la patria celestial. Debemos dejar de lado lo que es importante para el mundo y apegarnos a los valores del Reino de Dios. A. W. Tozer dijo cierta vez: “Cuanto más fascinados nos quedamos con los juguetes de este mundo, más olvidamos que hay otro mundo por venir”.

Estamos de mudanza a un lugar en el que “mora la justicia” (2 Ped. 3:13), y falta poco para que eso suceda. Por lo tanto, aléjate del pecado, prepárate para el pronto regreso de Jesús y pasa a soñar con tu nuevo hogar. Permite que esa esperanza moldee tu mente para vivir la eternidad.