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Milagros

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“¿Acaso hay algo imposible para el Señor? El año que viene volveré a visitarte en esta fecha, y para entonces Sara habrá tenido un hijo” (Génesis 18:14, NBD).

Abraham vivía junto al encinar de Mamré cuando recibió la visita de tres “hombres”. Como siempre, fue hospitalario, y sin saberlo, recibió ángeles (ver Heb. 13:2). Entre ellos, estaba el propio Señor.

Después del almuerzo, le preguntaron al patriarca sobre los hijos. Él y Sara, su esposa, no tenían, y sentían haber perdido esa bendición de Dios. Fue entonces que escucharon la gran promesa: “Yo volveré a verte dentro de un año, ¡y tu esposa, Sara, tendrá un hijo!” (Gén. 18:10, NTV). ¿Cómo sería eso posible, si ya eran tan ancianos? Aquellos “hombres” ni los conocían para hacerles una promesa de esa naturaleza. Sara se rió frente a la imposibilidad.

La pregunta divina terminó con las dudas: “¿Acaso hay algo imposible para el Señor?” (18:14, NBD). Abraham había intentado “ayudar” a Dios y tuvo un hijo con su sierva Agar; sin embargo, el Señor no cumple sus promesas a medias. En el tiempo exacto, nació Isaac, el hijo de Sara.

¿Existe alguna cosa realmente imposible para Dios? ¿Algo que él no pueda hacer? ¿Algún problema que no pueda solucionar? ¿Desafíos que no pueda enfrentar? ¿Luchas que no pueda vencer? ¿Decisiones en las que no pueda ayudar?

¿Dónde está el Dios de los milagros? ¿Simplemente registrado en las páginas de la Biblia o ayudando activamente a otras personas? ¿Por qué no experimentamos esos milagros hoy? Hay cuatro razones para esto:

Pedimos de manera equivocada. Queremos dirigir la voluntad de Dios. Si él no nos da lo que pedimos, concluimos que no atiende nuestras oraciones. Los milagros solamente ocurrirán cuando confiemos totalmente en los planes del Señor.

No tenemos fe. Pedimos por descargo de conciencia, y muchas veces, ni nosotros mismos creemos en lo que pedimos. Si no creemos de verdad, ¿Dios nos podrá atender?

Tenemos prisa. Queremos que Dios solucione las cosas de acuerdo con nuestro reloj. Sin embargo, el tiempo y los planes de Dios pueden ser diferentes. Muchas veces, él sabe que no estamos preparados para recibir lo que pedimos, por más justo que sea.

Bloqueo en la comunicación con el Cielo. Si alguna cosa está bloqueando nuestra comunicación y nuestra relación con Dios, el milagro no vendrá. Algunas veces puede ser un perdón no ofrecido o un pecado acariciado. Quiebra esas barreras, cree y experimenta hoy los milagros de Dios.