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Mientras la curación no llega

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“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:17).

Cuando Juliana tenía ocho años, sus padres descubrieron que ella había contraído una enfermedad degenerativa en los ojos. Durante su infancia y juventud, había ido perdiendo gradualmente la visión; pero, a pesar de eso, decidió llevar la vida de la mejor manera posible.

Después de concluir la enseñanza secundaria en el Brasil, fue a la Universidad de Chile, donde cursó la Licenciatura en Música. Allí conoció a un estudiante de Teología, Michael, que llegó a ser su esposo. Juntos tuvieron tres hijos: Emanuel, Hugo Miguel y Pedro Daniel.

En 2013, Hugo Miguel enfermó gravemente y quedó algunos días internado. Cierto día, al dirigirse al hospital, Juliana notó que los otros automóviles le tocaban bocina y llamaban su atención. Ella no podía mantener el auto en su carril. Aquella fue la última vez que condujo un automóvil, pues su visión no se lo permitió más.

La adaptación a la nueva realidad no fue fácil. Muchas veces ella oró a Dios, pidiéndole la curación, pero no la recibió. “Más tarde entendí –dice ella– que la curación definitiva llegará con el poder y la gran gloria en las nubes de los cielos. Encontré paz y esperanza al percibir que cualquier sufrimiento actual será muy pequeño si se lo compara con las maravillas del mundo que vendrá. Comprendí que las cosas que no puedo ver no se comparan en nada con aquellas que voy a contemplar, con mis nuevos ojos, por toda la eternidad”.

Hoy, Juliana solamente puede percibir un poco de luz y algunos bultos a una distancia muy corta. Ella trabaja en la educación y la rehabilitación de niños y adultos con deficiencias visuales. Además, estudia la Biblia por medio del celular o la tablet con la ayuda de un programa de lectura en pantalla, pero afirma con convicción: “Me gusta mucho memorizar versículos bíblicos. Así predico en las iglesias y en los eventos. Amo acercar a las personas a la Biblia. Si hay algo que yo puedo hacer para mejorar la vida de alguien, lo hago y no mido esfuerzos. No puedo hacer todo, pero hago todo lo que puedo con la ayuda de Dios”.

Juliana confía en que, con la compañía del Señor, es posible enfrentar pérdidas, limitaciones y frustraciones.

Al enfrentar problemas en la vida, puedes estar seguro de que en las manos de Dios tus dificultades temporales se transformarán en bendiciones eternas.