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Ángeles disfrazados

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“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:17).

En nuestros momentos de aflicción, necesitamos que alguien se interese por nosotros y nos ofrezca un hombro amigo o una palabra de aliento. Personas como esas son ángeles disfrazados enviados por Dios.

En mayo de 2013, Dios nos envió a uno de estos “ángeles” para ayudarnos. Mi esposa, Adriene, estaba enfrentando dificultades de salud, y ningún médico encontraba la solución.

Un sábado, la situación empeoró considerablemente. Yo viajaría el domingo y no sabía qué hacer. Le conté la situación a un médico adventista y él me recomendó a la doctora Salete, miembro de nuestra iglesia.

Al terminar el sábado, Adriene la llamó por teléfono y le explicó más detalladamente su problema; yo tuve que viajar el domingo. Estaba confiado, pero preocupado. La doctora Salete fue muy atenta, agendó la consulta para el lunes y se puso a disposición por cualquier emergencia. En la madrugada del lunes, la situación empeoró más aún. Mi esposa llamó a la médica y las dos fueron a un centro de emergencias. Adriene tuvo que pasar por un procedimiento quirúrgico y quedó internada. En el hospital le pidieron a la doctora Salete que volviera.

Cuando ella entró en la habitación, mi esposa, bastante emocionada, le dijo: “Dios la mandó a usted para que me cuidara. No sé cómo agradecerle”. En ese mismo instante, la médica comenzó a llorar y le contó algo muy fuerte. En la madrugada en la que Adriene le pidió ayuda, Salete también recibió una llamada de su madre, que vive bastante lejos de Brasilia. Su padre se encontraba mal de salud, estaba internado en una UTI y la familia necesitaba de ella. Salete quedó afligida. Sin saber qué hacer, decidió orar. En su intuición, sintió que Dios le hablaba de esta manera: “Adriene está sola, porque su marido está cuidando de mis asuntos. Por eso, cuida a mi hija, que yo cuidaré a tu padre”. La duda terminó en ese instante y ella regresó al hospital. Adriene fue muy bien tratada, se recuperó totalmente y regresó a casa. El padre de Salete recibió el alta médica incluso antes que mi esposa, y también se recuperó muy bien. ¡Dios siempre cumple lo que promete!

Para mi familia, la doctora Salete fue uno de esos “ángeles”. En tus momentos de aflicción, puedes tener plena seguridad de que nunca estás solo. Dios siempre envía a algún ángel real o disfrazado para que te cuide.