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No desistas

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“Que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados” (2 Corintios 4:8).

En los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, Jesse Owens se hizo mundialmente conocido por ganar cuatro medallas de oro. Con determinación, Owens traspuso el obstáculo del prejuicio racial y, en la Alemania nazi, el deportista afroamericano dejó en evidencia el engaño de la pretendida superioridad de alguna raza.

Con base en su propia experiencia de vida, Owens escribió: “Todos nosotros tenemos sueños. Pero para hacer los sueños realidad es necesario una enorme cantidad de determinación, dedicación, autodisciplina y esfuerzo”. Como en el caso de Owens, la dedicación podrá alcanzar victorias, pero la determinación nos mantendrá en la lucha. Muchas veces, no somos recompensados en el tiempo, ni de la manera en que nosotros queremos, pero ¡no desistas!

¡Dios no desiste! Cuando José fue tirado en una cisterna, Dios no desistió. Cuando Moisés dijo que no sabía hablar, Dios no desistió. Cuando Aarón construyó un becerro de oro, Dios no desistió. Cuando Sansón le susurró a Dalila, cuando Saúl persiguió a David o cuando David trazó su plan contra Urías, Dios no desistió. Cuando Jesús fue víctima de un intento de asesinato antes que cumpliera dos años, Dios no desistió. Cuando Pedro lo negó, Jesús no desistió. Cuando en la cruz exclamó “Consumado es”, y se entregó por cada uno de nosotros, él no desistió; y por eso se levantó victorioso de la sepultura. Hasta hoy, él continúa intercediendo por nosotros y no desistió de nuestra salvación.

Por ese poder y ese amor, nunca desistas. Muchas veces nuestros esfuerzos no reciben la debida consideración ni somos recompensados por lo que hacemos. Sobre este punto, Elena de White aconseja: “No debemos trabajar con miras a recibir nuestra recompensa en esta vida, sino con nuestros ojos fijos tenazmente en el premio que se nos otorgará al fin de la jornada. Se necesitan ahora hombres y mujeres que sean tan fieles al deber como la brújula al polo, hombres y mujeres que trabajen sin que sea necesario que se les suavice el camino y se saquen los obstáculos” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 397).

Si estás viviendo momentos de tribulación y angustia, no te desanimes ni desistas, porque Dios no va a desistir de ti.