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Vocaciones infantiles

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“Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí” (1 Samuel 3:4).

Muchas personas me han preguntado sobre mi decisión de ser pastor, siempre con la expectativa de escuchar algún testimonio emocionante que los marcara. Pero mi historia es diferente. Soy hijo de pastor, y mi llamado fue construido desde la infancia, no en un momento específico.

Cuando me preguntaban sobre lo que iba a ser cuando creciera, mi respuesta estaba en la punta de la lengua: “Voy a ser pastor”. Mis juegos de niño casi siempre estaban relacionados con el ministerio. Me gustaba colocarme el traje de mi padre y cargar su portafolio. Por detrás de esas actitudes infantiles, Dios estaba construyendo mi llamado.

Todavía me acuerdo con cariño de los viajes con mi padre para ayudar en las proyecciones de las series de evangelismo. En muchas reuniones que él dirigía, yo me quedaba jugando, pero estaba atento a lo que sucedía. Recuerdo haberme escondido algunas veces dentro de la sala pastoral para acompañar comisiones de iglesia. Por algunos años, después de las clases, yo iba a ayudar al personal de la oficina en la Asociación en la que mi padre trabajaba. Mi alegría era estar involucrado en las actividades de la iglesia.

Sin que yo lo supiera, Dios me estaba preparando. En ese proceso fue fundamental el ejemplo coherente de mi padre y el estímulo constante de mi familia. Ellos alimentaron mi vocación infantil, confirmaron el llamado de Dios y crearon las condiciones para que me transformara en un pastor.

Las vocaciones infantiles merecen nuestra atención. El llamado de Dios no es solamente para aquellos jóvenes que se encuentran en el inicio de un curso universitario ni para adultos dispuestos a cambiar sus planes de vida. Muchas veces, como ocurrió con Samuel, el Señor llama a niños aún pequeños. Necesitamos estimular a nuestros hijos para que se sientan llamados por Cristo, para que reconozcan su voz y dediquen su vida a él. Por medio de las simples actividades de un niño, Dios puede estar preparando algo mayor; pues, como lo afirmó Elena de White: “Todo joven y todo niño tienen una obra que hacer para la honra de Dios y la elevación de la humanidad” (La educación, p. 58).

Dios llama a los niños para que lo sirvan en las diferentes áreas de su obra. Vive sirviendo al Señor, y eso ayudará a tus hijos a decidir lo que serán cuando crezcan.