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Nuestra bendita esperanza

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“Mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13, NVI).

Una de las marcas registradas del programa La voz de la profecía siempre fue su tradicional apertura. En el tiempo del pastor Roberto Rabello, el cuarteto Heraldos del Rey cantaba: “Siervos de Dios la trompeta tocad, ¡Cristo muy pronto vendrá! A todo el mundo el mensaje llevad, ¡Cristo muy pronto vendrá!” Enseguida, el pastor Rabello decía sus célebres palabras: “Presentamos el programa La voz de la profecía, un mensaje de fe y esperanza que anuncia el regreso del Señor”. Es imposible contar cuántos millares de veces esas palabras fueron repetidas por él, pero una cosa es cierta: el pastor Rabello creía profundamente en ese mensaje.

Roberto Conrad, hijo, posiblemente haya sido la persona que más tiempo trabajó con el pastor Rabello. Conrad cuenta que decidió llamarlo por teléfono después de un buen tiempo en el que no conversaban. Durante la llamada, entre otras cosas, el pastor Rabello le dijo que, además de no producir más conferencias para el programa, tampoco realizaba más caminatas por causa de una caída. Conrad entonces le preguntó qué era lo que él hacía durante el día, ya que no escribía ni realizaba sus caminatas. La respuesta fue: “Oro, estudio la Biblia y canto”.

Como Conrad nunca había escuchado cantar al pastor Rabello, en 25 años de trabajo conjunto, le causó curiosidad y le preguntó qué músicas eran las que a él más le gustaba cantar. Respondió que su himno preferido era “Una esperanza” (Himnario adventista del séptimo día, N° 181), de Wayne Hooper. Conmovido, Conrad le pidió que le cantara la música, por lo menos una vez. Después de una pequeña pausa, el pastor Rabello comenzó a cantar: “Una esperanza arde en nuestro ser, / la del retorno del Señor. / Esta es la fe que solo Cristo da, / fe en la promesa del Señor. / Muy cercano el tiempo está / cuando la humanidad / jubilosa cantará: / ¡Aleluya! ¡Cristo es Rey! / Una esperanza arde en nuestro ser, / la del retorno del Señor”.

Después de la conversación, el pastor Rabello tomó un baño, fue al dormitorio y, antes de acostarse, tuvo un derrame cerebral. Él falleció el 19 de agosto de 1996. Descansó a los 87 años, firme en la bendita esperanza del pronto regreso de Jesús.

Tenemos el privilegio de creer en el mismo mensaje y ser también motivados por esta bendita esperanza. Nuestro desafío es vivir lo que predicamos y predicar lo que vivimos.