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Un llamado a la misión

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“Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación” (Apocalipsis 14:8).

El segundo mensaje angélico menciona a Babilonia por primera vez en el libro del Apocalipsis. El contenido envuelve a todas las organizaciones y los líderes religiosos que se distanciaron de Dios, desde el pasado hasta el fin de los tiempos.

Babel, o la Babilonia literal, fue fundada por Nimrod (Gén. 10:10; 11:1-9) y, desde el comienzo, representó la incredulidad y la rebelión contra Dios. Esto la transformó, más tarde, en símbolo de confusión.

Desde que la ciudad cayó, Satanás ha intentado, por medio de diferentes poderes mundiales, controlar nuestro planeta. Él fracasó y nunca consiguió unir a los pueblos, porque el mal, por naturaleza, genera divisiones. Cerca del fin, sin embargo, tendrá un aparente éxito durante poco tiempo, y despertará una oposición mundial contra el pueblo de Dios. Sin embargo, el segundo mensaje angélico deja en claro que Babilonia ya está derrotada y que caerá. Para que no haya dudas, el anuncio se repite dos veces.

La Babilonia del Apocalipsis (es importante recordarlo) representa a dos grupos y movimientos religiosos que se apartan de la verdad. Por eso, su caída viene ocurriendo de manera progresiva a lo largo de los tiempos, y se completará con la unión de diferentes corrientes religiosas para combatir al pueblo de Dios.

A pesar de todo este escenario, el segundo mensaje angélico es una gran oportunidad para el cumplimiento de la misión. Al tener su caída ampliada, en Apocalipsis 18:1 al 4 Dios hace un llamado directo a aquellos que todavía están en Babilonia: “Salid de ella, pueblo mío” (Apoc. 18:4).

Elena de White observa: “A pesar de las tinieblas espirituales y del alejamiento de Dios que se observan en las iglesias que constituyen Babilonia, la mayoría de los verdaderos discípulos de Cristo se encuentran aún en el seno de ellas” (Eventos de los últimos días, p. 202). Por causa de esto, ella aconseja sobre la manera de predicarles el evangelio a estas personas: “Dios tiene joyas en todas las iglesias, y no nos corresponde lanzar arrolladoras acusaciones contra el llamado mundo religioso” (Ibíd., p. 201).

Mira a Babilonia como un gran llamado a la misión de parte de Dios a los hijos sinceros que todavía están dentro de ella. Por eso, no uses el segundo mensaje angélico para acusar o para combatir, sino para amar, testificar y buscar a aquellos que el Señor está preparando para que se unan a su pueblo.