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La última invitación

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“Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano...” (Apocalipsis 14:9).

El mensaje del tercer ángel es la última invitación de Dios al mundo. Presenta de modo claro la identidad del Remanente y revela el llamado final de Dios con vistas a la preparación para la segunda venida de Cristo. En el tercer mensaje angélico, pueden percibirse tres énfasis especiales:

Justificación por la fe. “El mensaje de la justificación por la fe es el mensaje del tercer ángel” (El evangelismo, p. 193). A fin de cuentas, el gran conflicto contra el enemigo no será vencido por la capacidad, la perfección o el coraje humanos, sino por la sangre del Cordero.

La justificación por la fe es un alerta contra los “ismos”: legalismo, criticismo y perfeccionismo; un llamado para vivir permanentemente en las manos de Dios. Pero eso no es disculpa para el pecado, pues el Remanente será reconocido por guardar “los mandamientos de Dios”. No seremos fieles porque somos capaces, sino porque él es capaz.

Identidad. El Remanente tiene una identidad clara. Son “los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apoc. 14:12). Es un pueblo menos parecido a todos los demás y más parecido a Jesús. El pueblo de Dios está en el mundo, pero no es del mundo. Nuestra misión es asumir, preservar y compartir esa identidad de forma equilibrada, pero al mismo tiempo, con claridad.

Misión. El tercer mensaje involucra no solo la última preparación para la venida de Cristo, sino también una invitación para que cada persona forme parte del Remanente fiel. Por medio del Fuerte Clamor, el Espíritu Santo usará al pueblo remanente para sacudir al mundo. Para eso, necesitamos usar todos los medios posibles, sobre todo nuestra vida y nuestro comportamiento, para compartir nuestra esperanza. Tal como afirma Roberto Badenas: “La verdad es poderosa cuando es defendida; sin embargo, es aún más poderosa cuando es encarnada”.

En los momentos finales de la historia del mundo somos llamados a predicar el evangelio eterno sin desequilibrios, hacer evidente nuestra identidad y cumplir nuestra misión. De esa manera, daremos el Fuerte Clamor, que será el último mensaje de advertencia al mundo. Permanece firme como una roca y mantén la fe y la esperanza más vivas que nunca (ver El conflicto de los siglos, p. 662).