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A gran voz

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“Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz...” (Apocalipsis 14:9).

Los tres mensajes angélicos son “como un áncora para el pueblo de Dios. Quienes los comprendan y acepten quedarán libres de verse arrastrados por los muchos engaños de Satanás” (Eventos de los últimos días, p. 69).

Además, ellos son un fuerte llamado para cumplir la misión. En este sentido, el primero y el tercero se combinan, y son anunciados “a gran voz”. Son mensajes decisivos en la caminata del pueblo de Dios.

El primero fue proclamado por los pioneros milleritas, que rescataron el mensaje del regreso de Cristo. Ellos se entregaron por completo a esa causa. Invirtieron todo en la predicación. Solo en 1844, año en que esperaban ver a Jesús regresar, distribuyeron más de 5 millones de publicaciones sobre la Segunda Venida en los Estados Unidos. El país tenía cerca de 17 millones de habitantes, así que eso representó casi una publicación por cada 3,4 personas. Más de una por casa. Ellos hicieron su parte, y predicaron “a gran voz”.

Lo mismo está prometido para nuestros días: “El mensaje del tercer ángel no avanzará en susurros, sino con gran clamor” (Eventos de los últimos días, p. 206). Elena de White prosigue: “Las profecías que se cumplieron en tiempo de la efusión de la lluvia temprana, al principio del ministerio evangélico, deben volver a cumplirse en tiempo de la lluvia tardía” (ibíd., pp. 206, 207). El impacto del tercer mensaje será aún mayor. Según la mensajera del Señor, “este mensaje terminaría con fuerza y vigor muy superiores al clamor de medianoche” (ibíd., p. 206).

Será un movimiento misionero sin precedentes. “Vendrán siervos de Dios con semblantes iluminados y resplandecientes de santa consagración, y se apresurarán de lugar en lugar para proclamar el mensaje celestial. Miles de voces predicarán el mensaje por toda la Tierra” (ibíd., p. 207). “Multitudes abrazarán la fe y se unirán al ejército del Señor” (Recibiréis poder, p. 156).

El mensaje está ahora en nuestras manos. Somos convocados para anunciarlo con poder, creatividad, dinamismo y simplicidad. Nuestro deber es usar todos los recursos disponibles para alcanzar a cada “nación, tribu, lengua y pueblo” (Apoc. 14:6).

Forma parte del último movimiento misionero de la historia de la humanidad y proclama “a gran voz” el mensaje de esperanza para nuestro tiempo.