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Templo del Espíritu Santo

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“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19, 20).

El mensaje de salud es un legado profético de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. A partir de 1863, Elena de White comenzó a orientar sobre la importancia de cuidar del “templo del Espíritu Santo”. Uno de los resultados de sus mensajes fue el surgimiento de fábricas de alimentos saludables.

En el Brasil nació Superbom, que tuvo su inicio en 1925. Al principio, la pequeña fábrica producía solo jugo de uva en el Colegio Adventista Brasileño, actual UNASP, campus de San Pablo. La fábrica creció, y hoy ofrece una gran variedad de productos saludables que se destacan y ayudan a cumplir la misión.

Uno de los ejemplos de personas alcanzadas por este ministerio es Dora García. Graduada en Farmacia y Bioquímica, ella decidió estudiar la pureza de los jugos de uva disponibles en el mercado. Al realizar un análisis en laboratorio del jugo de Superbom, comprobó que este no contenía conservantes químicos. Cuando analizó el rótulo, encontró la frase: “Una industria adventista al servicio de su salud”. Entonces, decidió conocer más sobre la iglesia y, después de algunos meses de recibir estudios bíblicos, fue bautizada.

Cuidar de la salud, sin embargo, es más complejo que simplemente elegir qué comer o qué beber. La salud es un regalo de Dios que hace que el cuerpo esté más dispuesto y la vida sea más feliz. Se relaciona con la vida espiritual porque Dios se comunica con nosotros por medio de nuestra mente. Ella solo estará clara para escuchar su voz si el cuerpo está saludable. Cuando el cuerpo es descuidado, la relación con Dios se ve afectada.

Además de esto, el mensaje de salud es una fuerte herramienta misionera, porque abre la puerta de los corazones que tienen preconceptos sobre los asuntos espirituales. La esencia de nuestra enseñanza sobre este aspecto está resumida en ocho remedios naturales: “El aire puro, el sol, la abstinencia, el descanso, el ejercicio, un régimen alimenticio conveniente, el agua y la confianza en el poder divino son los verdaderos remedios. [...] Los que perseveren en la obediencia a sus leyes encontrarán recompensa en la salud del cuerpo y del espíritu” (El ministerio de curación, p. 89).

Permite que tu cuerpo sea una morada saludable para el Espíritu Santo. De esa manera, por intermedio de ti, muchas otras personas encontrarán el camino de la salud y la salvación.