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Obreras de Dios

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“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 Pedro 5:10).

No es fácil enfrentar las crisis. Muchas veces, ellas agotan las energías, afectan el ánimo y hasta debilitan la salud. Es de esa manera como la mayoría reacciona ante las situaciones difíciles. Sin embargo, existe otro modo de enfrentar los problemas. Elena de White nos dice: “Las pruebas de esta vida son los obreros de Dios que quitan de nuestro carácter las impurezas, las debilidades y las asperezas” (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 720).

La forma de pensar del apóstol Pablo era semejante. Él dice: “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor. 12:10).

Como declara el antiguo dicho: “La imposibilidad del hombre es la oportunidad de Dios”. En momentos así podemos aprender lecciones preciosas, pensar con más profundidad en la vida, valorar a las personas, mirar hacia arriba y buscar más intensamente a Dios. Hay una bendición escondida detrás de cada lágrima. Spurgeon dijo: “Aquellos a quienes les toca hundirse en el mar de las aflicciones traen perlas raras a la superficie”.

Las crisis también son “obreras de Dios” porque confirman nuestra esperanza. Profetizadas en las Sagradas Escrituras como señales del tiempo de fin, ellas se cumplen de manera plena delante de nuestros ojos todos los días. Por más que todo esté profetizado, no nos alegramos con el sufrimiento. Sin embargo, como pueblo del Señor, nos levantamos para servir y compartir esperanza.

Todo este difícil escenario nos indica a qué altura estamos en nuestro caminar hacia el cielo y qué actitud deberíamos tener. El propio Jesús recomendó que, cuando todas estas cosas estén sucediendo, no deberíamos bajar la cabeza en señal de lamento, sino levantarla en señal de confianza, pues nuestra redención se aproxima (Luc. 21:28).

Enfrenta las crisis con esperanza. Permite que ellas se transformen en “obreras de Dios” para que él mismo “perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 Ped. 5:10) tu carácter y para prepararte a ti para vivir en el cielo.