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Oración en las victorias

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“Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar” (Marcos 6:46).

¿Cuál es tu sentimiento después de una gran realización o victoria espiritual? ¿Te sientes confiado e independiente o más bien sensible y dependiente del Señor? Es interesante observar el ejemplo de Jesús. Después de sus mayores realizaciones, él se volvía más dependiente del Padre. Cuanto mayor era su conquista, más necesidad sentía de la oración.

Jesús había terminado de alimentar a una multitud con apenas cinco panes y dos peces (Mar. 6:34-44). Todos estaban eufóricos, querían coronarlo rey, y él experimentaba el auge de su aceptación por parte de sus discípulos y del pueblo. Si quisiera una oportunidad para aprovechar la fama y dormir tranquilamente, aquel era el momento ideal. Sin embargo, en lugar de eso, subió al monte para orar.

El Señor celebraba sus victorias con más oración y enfrentaba sus luchas aumentando la comunión. Él sabía que si dejaba de orar al conmemorar sus conquistas estaría en un serio riesgo, y el enemigo no iba a perder la oportunidad. Si no intensificaba la comunión en los momentos de dificultad, perdería su fuente de poder y sería dominado por el desánimo. Jesús enfrentó cada situación por el poder de la oración.

Al mismo tiempo, los discípulos observaban sus actitudes y aprendían cómo él enfrentaba los desafíos de rodillas. Ellos veían que “Jesús recibió sabiduría y poder durante su vida terrenal en las horas de oración solitaria” (La educación, p. 258). Eso despertó en ellos la misma necesidad (ver Luc. 11:1).

Cuando Jesús subió al monte para orar, Dios lo preparó para la feroz tempestad que vendría a continuación (Mar. 6:48). Los discípulos fueron directo al mar de Galilea, embarcaron solos y quedaron desesperados cuando una terrible tempestad los asaltó. Jesús estaba preparado para solucionar aquella situación porque había dedicado un buen tiempo a la comunión con el Padre. Por eso, anduvo sobre las aguas, y calmó el mar y los vientos.

Debemos celebrar nuestras realizaciones espirituales fortaleciendo la conexión con el Cielo. Después de los picos, vienen los valles; después de la bonanza, muchas veces viene la crisis; después de la calma, aparece la tempestad. Aquel que sube la montaña tomado de la mano de Dios siempre bajará al valle en sus brazos.

Intensifica la oración en las victorias, y Dios renovará tus fuerzas para las batallas que vendrán.