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Siete tríos

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“Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis” (Juan 19:35).

Algunos comentaristas creen que el Evangelio de Juan fue el último libro de la Biblia en escribirse. Se cree que el apóstol lo redactó después de su retorno de la isla de Patmos, alrededor del año 96 d.C. Si fue así, esta joya de las Sagradas Escrituras debió de haber quedado concluida unos sesenta años después de la ascensión de Jesús al cielo.

Todo indica que el apóstol Juan tuvo bastante tiempo para analizar la vida y las enseñanzas de Cristo. Muchas de las historias relatadas en su libro no son narradas en los otros evangelios; además de esto, el apóstol Juan casi no menciona las parábolas que Jesús contó. Su atención se concentró en el sacrificio de Cristo. A fin de cuentas, ese era el mensaje que movía a la iglesia y transformaba vidas.

El capítulo 19 recibe un destaque especial. En esa sección, el apóstol Juan explora el sacrificio expiatorio de Jesús por medio de siete tríos, que ocurren combinados solo en su Evangelio. Ellos muestran la fuerza del sacrificio, de la entrega y de la salvación ofrecidos por el Señor.

Al juzgar el caso de Jesús, tres veces Pilato dice: “No veo culpa en este hombre”. Sin embargo, aunque sin base legal, permitió que el Señor fuese condenado a muerte. Tres personas fueron crucificadas en el Calvario en la Pascua del año 31 d.C.: Jesús y los dos ladrones. Tres idiomas fueron usados en el texto colocado sobre la cruz: hebreo, griego y latín. Tres Marías estaban al pie de la cruz: la madre de Jesús, una tía del Señor y María Magdalena.

Tres frases fueron dichas por Jesús en la cruz: “Juan, he aquí tu madre”, “Tengo sed” y “Consumado es”. Tres elecciones nacieron en el contexto del sacrificio del Calvario: Jesús eligió cargar la cruz, eligió las palabras que usaría en la cruz y eligió el tiempo de su muerte. Tres clases de heridas estuvieron relacionadas con la cruz: Jesús fue azotado, sus manos y sus pies fueron traspasados por los clavos y su costado derecho fue herido.

Todo esto tuvo como objetivo mostrar con cuántos detalles fue preparada nuestra salvación por el Cielo; experimentada con intensidad por Jesús y descrita con profundidad en la Biblia. Como dice C. S. Lewis, en las Sagradas Escrituras vemos cómo “el hijo de Dios se transformó en hombre para hacer posible que los hombres se transformaran en hijos de Dios”. Permite que ese sacrificio de amor tan intenso transforme tu vida hoy.