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Trastornando al mundo

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“Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” (Hechos 17:6).

El apóstol Pablo y Silas estaban en Tesalónica. Como era su costumbre, fueron a la sinagoga el sábado. Aquel era el lugar ideal para adorar, pero también para encontrar corazones sinceros.

Durante tres sábados, el apóstol Pablo predicó, mostrando a Jesús en las profecías del Antiguo Testamento, presentando su ministerio en el Santuario celestial y su regreso a la Tierra. Según Elena de White, el impacto del mensaje sobre la Segunda Venida fue tan fuerte que tuvo “en la mente de muchos que oían una impresión que nunca se borró” (Los hechos de los apóstoles, p. 188).

Los resultados fueron impresionantes. Primero, “se cautivó la atención de grandes congregaciones” (ibíd.). Enseguida, se unió a ellos un gran número de griegos piadosos, y no pocas mujeres nobles (ver Hech. 17:4).

Sin embargo, varios judíos se sintieron incómodos y reunieron a un grupo de malvivientes para atacar al apóstol Pablo y a Silas. Como no encontraron a los evangelistas, “alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo” (Hech. 17:5). Ellos fueron llevados ante las autoridades y acusados de apoyar a los dos predicadores.

Queriendo atacarlos, los judíos terminaron haciéndoles un gran elogio, al decir: “Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” (vers. 6). La versión Jubilee Bible 2000 traduce: “los que alborotan el mundo han venido acá”.

Esa acusación muestra el tamaño del impacto causado por una obra que alcanzaba a tantas personas y agitaba intensamente las creencias judías. Donde los cristianos llegaban, las cosas nunca volvían a ser como antes. Los predicadores eran impactantes; el mensaje, transformador; y la iglesia, relevante. Esa combinación “puso el mundo cabeza abajo”.

La iglesia de la que tú eres miembro ¿también está “alborotando” o “poniendo el mundo cabeza abajo” en tu comunidad? ¿Se siente la presencia de ella, su actuación es efectiva, el mensaje es poderoso y los resultados son impactantes?

Y tu vida ¿ha marcado a tu entorno con una visión misionera y un liderazgo que mueve a la iglesia? Dondequiera que tú estés, marca la diferencia, mueve a tu iglesia, con brillo en los ojos y fuego en el corazón.