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El momento exacto

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“Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños” (Mateo 18:14).

En los años 2010 y 2016, tuve el privilegio y la emoción de bautizar a mis hijos. Habíamos acordado que el bautismo de los dos sería realizado el sábado más cercano al cumpleaños de diez años de cada uno, y fue exactamente lo que sucedió. El momento correcto para el bautismo de un jovencito es personal, y debe ser analizado siempre con cariño y equilibrio por parte de los padres.

Antes de llegar a una conclusión sobre el momento correcto, necesitamos tener en mente que el bautismo es el inicio, y no el fin de un proceso. La decisión de un niño debe ser vista dentro de ese contexto, pues él recién está comenzando a entender las cuestiones más complejas de la vida. Según Elena de White, “el bautismo no transforma en cristianos a los niños, ni los convierte. Es tan solo un signo externo que muestra que comprenden que deberían ser hijos de Dios reconociendo que creen en Jesucristo como su Salvador y que por lo tanto vivirán para Cristo” (Conducción del niño, p. 474).

El deseo de un niño no es suficiente para que él sea bautizado. Es necesario que comprenda la importancia de esa decisión y que conozca las verdades bíblicas básicas. Sin embargo, si el muchachito o la muchachita comienza a alimentar ese deseo desde temprano, no se le debe prohibir, sino que debe ser motivado(a) para que continúe estudiando, con actividades creativas que lo(a) preparen para el momento correcto. Por otro lado, necesitamos ser hábiles al tratar el asunto, sin crear prohibiciones, ni dificultades, ni “metas de santidad”; y mucho menos amenazar con usar el bautismo como forma de disciplina. Todo eso provoca rechazo en lugar de motivación. En el futuro, cuando los padres o los líderes crean que llegó la hora, el adolescente o joven podrá no tener más interés.

Volviendo a la cuestión del momento correcto, Elena de White nos ayuda a encontrar la solución. Ella enseña que “los niños de ocho, diez y doce años tienen ya bastante edad para que se les hable de la religión personal” (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 421).

Valora siempre las decisiones espirituales de tus hijos, pues “el alma del pequeñuelo que cree en Cristo es tan preciosa a sus ojos como los ángeles que rodean su trono. Los niños deben ser llevados a Cristo y educados para él” (El hogar cristiano, p. 239). En el momento correcto, el bautismo debe ser incentivado, no censurado.