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Cantidad y calidad

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“Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (Hechos 6:7).

Cierta vez escuché una declaración de un teólogo que me intrigó: “Como líderes y miembros, tenemos muchos problemas; pero como iglesia, tenemos solo un problema: Jesús todavía no volvió”. Entonces, me quedé preguntándome a mí mismo: “¿Dónde estamos fallando?”

Este tipo de cuestiones, generalmente, provoca debates tensos entre aquellos que defienden un énfasis exclusivista en la misión para que Jesús regrese en nuestra generación, y los que aceptan que nuestro objetivo principal debe ser el de preparar a una iglesia sin mácula para el encuentro con el Señor. A fin de cuentas, ¿debemos invertir en el crecimiento o concentrar nuestras energías en el mantenimiento? ¿Nuestro énfasis debe estar en la misión o en la condición?

A pesar de los fuertes defensores de cada posición, lo ideal es integrar los dos puntos de vista. Si realmente queremos ver a Cristo regresar en nuestros días, necesitamos crecer en cantidad y en calidad; es decir, mucho y bien. No podemos alimentar una visión unilateral ni creer que crecer poco es crecer bien o que crecer mucho es crecer mal. Al mismo tiempo en que fuimos llamados para ser el remanente de los últimos días, también fuimos escogidos para llevarle al mundo un mensaje de gracia, verdad y esperanza (Mat. 24:14; 28:18-20). Nuestra condición debe llevarnos al cumplimiento de la misión, pues “una iglesia activa es una iglesia viva” (El ministerio médico, p. 453).

Nuestra búsqueda debe ser una iglesia que crezca en número, pero también en profundidad, compromiso, conocimiento de la Palabra y fidelidad; y que esté más fuerte y preparada para recibir al Espíritu Santo, cumplir la misión con poder y, entonces, ver a Cristo regresar. Elena de White, refiriéndose a los días poco antes de la segunda venida de Jesús, afirma: “Muchos se convertirán en un solo día, porque el mensaje avanzará con poder” (Recibiréis poder, p. 128).

No vamos a solucionar el problema de la apostasía disminuyendo el énfasis en el crecimiento. El equilibrio entre cantidad y calidad nos servirá para recordar que el objetivo de la iglesia no es solo tener un templo lleno, sino ver el cielo lleno.