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Nada es imposible

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“Porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37).

Las historias de milagros siempre reconfortan el corazón y renuevan la esperanza. Los relatos de este estilo nos dan la oportunidad de ver a Dios en acción al transformar vidas y resolver casos imposibles. En el texto de hoy te presento la actuación de nuestro Padre haciendo lo que solamente él puede hacer: milagros.

Durante mucho tiempo, Maviael luchó contra el vicio de la bebida. Como necesitaba cambiar su colchón, se levantó y fue hasta el jardín posterior de su casa, prendió fuego al viejo colchón y salió para comprar uno nuevo. En el camino hacia la tienda, pasó por el bar y no resistió: entró, bebió y gastó todo su dinero.

Volvió a su casa sin el colchón nuevo y sin dinero. Situaciones semejantes se repitieron tantas veces que no veía ninguna solución. Decidió suicidarse. Cierto día, después de beber mucho, encontró la iglesia adventista del Barrio de Prazeres, en Pernambuco, República del Brasil.

En ese momento, se estaba realizando el evangelismo de Semana Santa, y Maviael escuchó a la iglesia cantando: “Gozándome yo voy al hogar celestial. ¡Caminando! ¡Caminado! Pues no me encanta más el placer terrenal, caminando para aquel hogar”. La música llamó su atención y fue hasta la puerta del templo; allí se quedó hasta el final del programa. Aunque no estaba totalmente lúcido, disfrutó del culto.

Volvió al día siguiente y llevó a un vecino adolescente. Ellos no dejaron nunca más de ir a la iglesia, fueron bautizados y permanecen fieles hasta hoy. Maviael se transformó en un anciano de la misma iglesia; y Paulo César, el vecino adolescente, llegó a ser un pastor adventista. Además de esto, Maviael tiene un hijo pastor, un nieto pastor –que hoy trabaja como misionero fuera del país– y una hija que es profesora universitaria en una institución adventista.

Si vieras a Maviael, un alcohólico incorregible, ¿serías capaz de imaginar un futuro tan promisorio? Tal vez tú conoces a otras personas que parecen casos perdidos, o incluso tú mismo te sientas en esa condición. A pesar de no poder volver al pasado para escribir un nuevo comienzo, puedes recomenzar y escribir un nuevo final. Rescata tu confianza en el amor de un Dios que “escribe con una pluma que nunca borra, habla con una lengua que nunca se equivoca y actúa con una mano que nunca falla” (Charles Spurgeon).

No olvides que Dios es capaz de realizar los mayores milagros en las peores condiciones, usando las más simples situaciones. Confía en él, y lo imposible se realizará en tu vida.