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Un hogar sin perturbación

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«El que perturba su casa heredará viento, y el necio será siervo del sabio de corazón» (Proverbios 11:29).

Este mes lo dedicamos a las relaciones familiares, tanto maritales, como paterno-filiales. Hay evidencias múltiples de que un hogar de calidad produce hijos que afrontan la vida con éxito. Uno de los estudios de mayor influencia global fue el de Michael Resnick y Peter Bearman de la Universidad de Minnesota. El estudio se publicó en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA, por sus siglas en inglés), una de las publicaciones científicas más prestigiosas del mundo. Fue un estudio a gran escala, con la participación de noventa mil adolescentes entre doce y dieciocho años, que fueron entrevistados y seguidos durante varios años. Uno de los hallazgos más importantes fue que cuanta más vinculación tenían los adolescentes con su familia, menor era el nivel de violencia juvenil, de uso y abuso de drogas, de embarazo temprano y de sexualidad precoz. Sin duda, los beneficios de una vida familiar equilibrada alcanzan muchos más aspectos de los que identifica este excelente estudio. Una vez más, la ciencia confirma (aun cuando siempre con excepciones) el sencillo principio de que cuando instruimos al niño en su camino, no se apartará de él aun de anciano (Proverbios 22:6).

El texto de hoy es un llamamiento a los padres a no perturbar el hogar porque las consecuencias son lamentables. Cuando un padre (o madre) perturba a su familia, acaba desprotegiendo a sus hijos de muchos y grandes peligros. ¿Cómo se perturba el hogar? El padre o la madre de la familia hacen esto mediante constantes amenazas, provocación y mensajes de desprecio. Pueden también hacerlo mostrando un ejemplo de ociosidad, de desorden o de impaciencia. O tornándose enojados y hasta violentos, verbal o físicamente. Conductas de avaricia o de envidia también perturban la familia. El que perturba su casa, según el versículo de hoy, «heredará viento».; Qué terrible figura por alterar el orden del hogar! Nos da la imagen de pérdida, vaciedad, decepción, futilidad... con consecuencias que pueden ser trascendentales.

Para evitar este camino erróneo, inspírate en el amor de Dios, un amor que se demuestra en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).

Reine hoy ese amor en su familia. Un amor que sea benigno, no envidioso, no jactancioso, no envanecido, ni imprudente, un amor que no se irrite ni guarde rencor, un amor que no se goce de la injusticia sino de la verdad, que sufra, que crea, que espere y que soporte (1 Corintios 13:4-7). Ora hoy: «Ayúdame, Señor, a vivir ese amor en mi hogar».

Febrero 01 Familia

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