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Ayuda idónea

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«Después dijo Jehová Dios: "No es bueno que el hombre este solo: le haré ayuda idónea para él" (Génesis 2:18).

Cuando la Dra. Leah Bright del Hospital Johns Hopkins (Baltimore, Maryland, EE.UU.) y sus colegas midieron las cuerdas vocales de una muestra de sujetos sanos descubrieron algo sorprendente: el tamaño de las cuerdas vocales no guardaba relación alguna con la altura, el peso o la masa corporal de los participantes en el estudio. Sin embargo, observaron una clara diferencia de tamaño de estos órganos de fonación entre hombres y mujeres. Esto explica las diferencias en lenguaje hablado entre hombres y mujeres: aparte de producir tonos más altos en la voz de ellas, la diferencia hace posible que la emisión de la voz necesite menos aire para su agitación y que se produzca en las damas menos desgaste de energía. Por ello, en términos generales, las mujeres tienden a hablar más y más deprisa que los hombres. Este es solo un ejemplo de diferencias biológicas entre géneros.

Es una acción noble luchar por el trato igualitario entre géneros que tanto se ha violado y sigue violándose, pero no podemos ignorar que existen diferencias biológicas y psicológicas, que en parte se remontan a los orígenes cuando Dios creó a la mujer como «ayuda idónea». Significa esto que algunas características que poseemos van ligadas al sexo, lo que hace a hombres y mujeres diferentes y al mismo tiempo complementarios. Por ejemplo, el sistema endocrino es muy distinto: el tipo y cantidad de secreción hormonal prepara a la mujer para la menstruación, la gestación y la lactancia, funciones que no posee el varón. El metabolismo femenino es más lento, la estructura ósea más ligera, el tamaño de los riñones, el hígado y el estómago, mayor y la cantidad de músculo (en relación con la masa corporal) menor que en los varones. También se han observado diferencias marcadas en la conducta comunicativa: la mujer escucha con más atención y con más contacto visual que el hombre. La mujer cuenta con una expresión verbal más dramática, más rápida y más cargada de emociones que el varón, quien habla con más precisión, objetividad y brevedad.

Para fomentar la calidad de relación entre marido y mujer pensemos que, en su inmenso amor, Dios creó «varón y hembra» (Génesis 1:27) para la mutua edificación y satisfacción. No veamos las diferencias como una fuente de irritación, sino como un complemento. En el día de hoy, observa alguna de estas diferencias en tu trato con el sexo opuesto y da gracias a Dios por el don de las diferencias.

Febrero 04 Familia

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