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Los primeros años

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«Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres» (Lucas 2:52).

Todo lo revelado de la infancia y la adolescencia de Jesús se encuentra en pocas palabras en Mateo 2 y en Lucas 2. Sabemos de las condiciones de su nacimiento en Belén, su circuncisión al octavo día, su presentación en el templo, la huida de la familia a Egipto, su regreso a Nazaret y su pérdida en el templo de Jerusalén cuando el muchacho Jesús contaba con 12 años. Aquí se encuentra el versículo de hoy (que se reitera en Lucas 2:40). Los textos mencionan el principio del crecimiento integral y armónico de Jesús, algo que continúa enfatizando la pedagogía actual para el desarrollo óptimo. Se nos habla del aumento de la estatura/fortaleza, la sabiduría y la gracia, estableciendo así la atención a los ámbitos físico, mental y espiritual.

Francisco y Elsa tenían dos hijos en quienes pusieron altísimas expectativas. Desde los primeros días de su escolaridad, enfatizaron las tareas escolares, poniéndolos a hacer los deberes escolares durante dos horas diarias, porción que fue aumentando año tras año. Solo aceptaban notas de excelencia y sus estudios eran el centro de la vida familiar. Cuando apreciaban algún descenso académico, les asignaban profesores particulares y mantenían rígidas las horas de estudio. Estos dos muchachitos carecían de actividad física, juegos, deportes y relaciones con otros niños de su edad. Tampoco recibieron educación religiosa, pues según el razonamiento de los ambiciosos padres, ese componente no les ayudaría a alcanzar los más altos objetivos académicos y profesionales. Sin embargo, cuando llegaron a la mayoría de edad, los hermanos decidieron abandonar el hogar paterno y hacer su vida independiente. Si bien el régimen educativo de los padres los condujo a logros profesionales, las restantes facetas de su desarrollo completo (social, físico y espiritual) quedaron sin atender y tuvieron que enfrentar problemas de relación y crisis existenciales que probablemente se habrían evitado con una educación más equilibrada.

Si tienes hijos, sobrinos u otros menores a tu cargo, procura favorecer su desarrollo integral, como fue la experiencia de Jesús. Ofréceles ejercicio intelectual y cultural como la lectura, el apoyo en el aprendizaje escolar, la visita a museos, bibliotecas, eventos culturales, entre otros. Cuida de su desarrollo físico con la actividad al aire libre, los deportes, una alimentación sana, la higiene y el cuidado personal. Por último, no dejes de suplir sus necesidades espirituales, por medio de la oración, la lectura de las Sagradas Escrituras, la asistencia a la iglesia, el ejercicio de la fe en Dios y la práctica de los principios religiosos proyectada en la ayuda y la empatía hacia los demás.

Febrero 19 Familia

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