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Una generación de sabios

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«Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano. De tu Dios tendrás temor. Yo, Jehová» (Levítico 19:32).

En una ocasión un hombre de ochenta años estaba sentado en casa mirando por la ventana en compañía de su hijo de unos cuarenta y cinco años, un caballero muy bien situado y con estudios superiores. En un árbol cercano se posó un cuervo y el anciano preguntó:

-¿Qué es eso?

A lo que su hijo respondió:

-Un cuervo.

Momentos después otro pájaro se posó en las cercanías y el hombre mayor preguntó:

-¿Qué es eso?

La respuesta fue la misma:

-Un cuervo.

La secuencia se repitió cuatro veces seguidas y el hijo perdió la paciencia exclamando:

-¿Por qué me haces la misma pregunta una y otra vez? Ya te he dicho que es un cuervo, ¡todos estos pájaros son cuervos! ¿No lo entiendes?

El anciano camino en silencio hacia su dormitorio y regresó con un diario viejo y desgastado que había guardado desde que su hijo era un niñito. Lo abrió y señaló un párrafo para que su hijo lo leyera. Allí estaba escrito:

-Hoy mi hijo ha cumplido tres años. Estábamos juntos, él y yo, sentados en el sofá, cuando un cuervo se posó cerca de la ventana. Me preguntó: «Papá, ¿qué es eso?», y yo le respondí: «Un cuervo». Me hizo la misma pregunta veintitrés veces y yo le contesté lo mismo las veintitrés veces. No pude por menos que sonreír y abrazar al pequeño sintiendo un profundo afecto por mi hijito».

Según la Biblia, «en los ancianos está la ciencia y en la mucha edad la inteligencia» (Job 12:12). Siempre tendremos una generación de sabios, nuestros mayores, con la suficiente experiencia para apreciar las cosas desde una perspectiva única. Por ello, el versículo nos insta a ponernos en pie ante las personas mayores, dándoles la honra que merecen y demostrando el afecto y el aprecio debido. Al fin y al cabo, son quienes nos han ayudado a crecer y han trabajado para dejar un mundo preparado para la siguiente generación.

El Salmo 71 se titula «Oración de un anciano» y es una plegaria para que Dios proteja a los hombres y las mujeres que van avanzando en edad. «No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabe, no me desampares» (vers. 9). Tú puedes ser el instrumento que cumpla la respuesta a esta petición. Dios puede llamarte a hacer la carga de una persona mayor mucho más ligera, sea dentro o fuera de tu familia.

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