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Empatía

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«Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran» (Romanos 12:15).

Alessio Avenanti y sus colegas de la Universidad de Bolonia (Italia) observaron la reacción neuronal de una persona mientras presenciaba cómo inyectaban a otra en la mano. Mediante un procedimiento llamado estimulación magnética transcraneal, los investigadores constataron repetidamente que el testigo que observaba el pinchazo en el otro, experimentaba en su propio sistema corticoespinal una reacción muy parecida a la que sentía el inyectado. En efecto, la actividad eléctrica de la corteza cerebral que gobierna los nervios de la mano experimentaba una fuerte actividad de energía adicional en el testigo que no había recibido pinchazo alguno. Pidieron después que los participantes observaran cómo se ponía una inyección a un tomate y, en este caso, no había reacción orgánica. Estos experimentos han demostrado las bases neurológicas de la empatía. Parece, pues, evidente que el dolor de otros se refleja en nuestro propio sistema nervioso.

Es alentador pensar que, a pesar del pecado y de la degeneración moral, aún quedan rastros del carácter original que Dios puso cuando creó al ser humano a su imagen y semejanza. La compasión y la empatía parecen ser parte inherente de nuestro ser y estamos dotados de la capacidad de empatizar con el dolor y el gozo de los demás. Sin embargo, podemos escoger hacerlo o no. Por ello el apóstol Pablo exhorta a los seguidores de Cristo a que escojan el camino de la empatía: gozarse con los que gozan y llorar con los que lloran.

La empatía es una manera amplia y clara de cimentar las relaciones con otras personas. No en vano la empatía también se llama inteligencia interpersonal. Se trata de un proceso mucho más complejo que la simple reacción electroquímica de ciertas terminales nerviosas. Es un ingrediente de enorme valor para el apoyo en las necesidades humanas. Jesús tuvo compasión (que es lo mismo que decir empatía) y auxilió a las personas a solucionar los problemas del cuerpo y de la mente. «Tuvo compasión de ellos y sanó a los que de ellos estaban enfermos» (Mateo 14:14); tuvo también compasión de una gran multitud «porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas» (Marcos 6:34).

¿Encontrarás a alguien hoy hacia quien proyectar tu empatía y proporcionar alivio a su sufrimiento? Permanece abierto a esta posibilidad y seguramente alguien podrá satisfacer sus necesidades por medio de tu empatía. Aparte del bien que hagas a los demás, experimentarás bienestar físico, psicológico y moral en ti mismo.

Marzo 02 Relaciones

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