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La fuerza de la unidad

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«De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan» (1 Corintios 12:26).

Cualquiera que visite la empresa donde Mariano trabaja de psicólogo organizacional (o industrial) y lo vea en plena acción con un grupo de empleados, pensará que están perdiendo el tiempo. Para comenzar, cada uno tiene un globo que intenta mantener en el aire dándole golpecitos. Mariano va añadiendo un globo cada 5 segundos. Y a medida que el número de globos aumenta, todos los empleados se mantienen frenéticamente activos para que no caigan. Si un globo toca el suelo, Mariano pita «falta» de forma muy ruidosa, pues las reglas dicen que, con seis faltas, la actividad se termina y todos vuelven al trabajo. El propósito es durar tanto tiempo como sea posible con los globos suspendidos. No se trata de un mero recreo, sino de una actividad que fortalece los lazos mutuos y la estrategia común. Haciendo este tipo de juegos, los trabajadores reafirman sus relaciones y promueven el espíritu de equipo.

Muchas empresas están dispuestas a invertir dinero en personal (como Mariano) y tiempo para que los empleados «jueguen» porque saben que tales actividades hacen que los participantes aumenten su motivación, refuercen sus vínculos y adquieran un mayor nivel de satisfacción. Todo ello redunda en un mejor rendimiento y una producción más elevada.

El texto de hoy se halla inserto en un capítulo dedicado a describir el tejido de la comunidad eclesiástica, especialmente en la importancia de que cada uno haga su parte en un conjunto en el que todos contribuyen en alcanzar los objetivos. Sin embargo, algunos piensan que su padecimiento es individual y no consideran que «todos los miembros se duelen con él» (vers. 26), o creen que pueden hacer su parte sin el apoyo de los demás y dicen: «No tengo necesidad de vosotros» (vers. 21). Otros, hacen distinción entre fuertes y débiles e incluyen a unos y excluyen a otros sin pensar que «los miembros [...] que parecen más débiles, son los más necesarios» (vers. 22). Así el Señor nos insta a «que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (vers. 25).

La sana y eficaz costumbre de trabajar en conjunto no se limita a la comunidad eclesiástica, sino que se extiende a la familia, al trabajo, o a cualquier círculo social. En el día de hoy recuerda la imagen de los empleados con globos en el aire y piensa que las cosas grandes y difíciles solo se consiguen con el apoyo mutuo y uniforme del grupo.

Marzo 12 Relaciones

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