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Agradecido

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«Jesús le pregunto: “¿No son diez los que han quedado limpios? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviera y diera gloria a Dios sino este extranjero?"» (Lucas 17:17-18).

De camino a Jerusalén, Jesús se encontró con diez leprosos que le rogaron les sanara de su terrible enfermedad. Jesús no los sanó de inmediato, sino que los envió a los sacerdotes. De camino hacia el templo, quedaron todos milagrosamente limpios. Uno de ellos regresó «glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies dándole gracias» (vers. 15-16). Nada más se nos dice de los nueve desagradecidos.

La lección más importante de este relato es la gratitud. Los nueve eran probablemente judíos, con un sentir de derecho a estar sanos y a ser salvos por su condición de pueblo elegido. No veían necesidad de acudir al Maestro para agradecerle el colosal milagro. El otro, un extranjero humilde y con menos derechos, sintió el amor de Jesús y lo expresó de manera obvia con sus palabras y acciones. Jesús le respondió con la dulce certeza: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado» (vers. 19).

Las palabras de aprecio y agradecimiento son un bálsamo eficaz en toda relación interpersonal. Sara Algoe y Barbara Fredrickson, de la Universidad de Carolina del Norte, llevaron a cabo un estudio sobre la gratitud cuyo diseño se ha repetido en varias ocasiones, con diversos participantes, en lugares diferentes y con resultados parecidos. Pares de amigos participaron en el experimento en el que tenían que llevar a cabo tareas en equipo. Los investigadores dividieron al grupo en dos mitades: el grupo experimental y el de control. En el grupo experimental uno de los componentes de cada par recibió instrucciones en privado para que expresara apreciación y gratitud al amigo por algo específico. Al grupo de control no se le dio instrucción alguna. Todos participaron en un seguimiento para evaluar la calidad de relación durante seis meses tras el experimento. Se constató que los miembros del grupo experimental (los que habían expresado gratitud) gozaron de una relación de mayor calidad durante todo ese tiempo en comparación con el grupo de control.

Cuando Jesús reconoció la gratitud que mostró el leproso, no lo hizo porque el Señor necesitaba reconocimiento, sino porque aquel hombre se beneficiaría de ello. La gratitud beneficia más a quien la emite que a quien la recibe. Escoge hoy a alguien a quien estés verdaderamente agradecido. Demuéstrale tu gratitud de manera abierta y clara de forma oral o escrita. Te embargará un sentimiento de bienestar y satisfacción. Muestra también agradecimiento a tu Creador y el resultado tendrá consecuencias trascendentes.

Marzo 15 Relaciones

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