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La libra de mantequilla

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«Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir» (Lucas 6: 38).

Un panadero de una población canadiense compraba regularmente mantequilla de una lechería cercana para elaborar sus panes. Un día empezó a sospechar que los paquetes de mantequilla pesaban menos de lo habitual. Y cuando comprobó el peso de los bloques, comprobó que todos eran faltos. Así que denunció a su proveedor y este fue llamado a declarar ante el juez municipal.

-¿Puede mostrarme sus pesas? -preguntó el juez interesado en ver si estaban trucadas.

—No uso pesas —contestó el lechero.

Sorprendido el juez exclamo:

-Entonces, ¿cómo sabe usted que sus medidas son exactas?

-Muy sencillo-explicó el lechero-, Señoría. Cuando el panadero empezó a adquirir mi mantequilla, yo comencé a comprar su pan. Desde entonces, uso su pan de a libra como pesa para las libras de mantequilla. Si la mantequilla no da el peso, es porque el pan está falto.

Recuerdo (J) otra experiencia aún más sombría. En nombre de mi familia adquirí un local comercial en Madrid. El lugar había sido pollería y huevería durante décadas. Los dueños decidieron jubilarse y venderlo. Cerramos el trato y con la venta incluyeron una serie de utensilios de trabajo que a los compradores no nos servían de nada, pero quedaron como parte de la transacción. Entre ellos había una báscula antigua con pesas de hierro que habían sido utilizadas para la venta de sus productos. Examinando las piezas, me di cuenta de que todas ocultaban, en su parte inferior, un imán cúbico que encajaba en la base de las pesas. Así podían hacerse las pesas más ligeras a voluntad. Meses después supe que el antiguo dueño había fallecido, si bien su viuda vivió muchos años más. Sentí escalofríos cuando leí el texto: «No tendrás en tu bolsa una pesa grande y otra pesa chica, ni tendrás en tu casa un efa grande y otro efa pequeño. Una pesa exacta y justa tendrás; un efa cabal y justo tendrás, para que tus días sean prolongados sobre la tierra que Jehová, tu Dios, te da” (Deuteronomio 25: 13-15, énfasis añadido). ¿Sería cierto que la muerte prematura del pollero guardara relación con su presunta deshonestidad? Solo Dios sabe la verdad, pero el versículo resalta la seriedad de la honestidad.

El texto de hoy va aún más lejos. Nos invita a dar más de lo justo y así recibir en abundancia. Prueba hoy la eficacia de esta promesa. Sé generoso con tus semejantes y verás de inmediato una mejor relación con ellos y otras ricas recompensas.

Marzo 20 Relaciones

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