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Bien por mal

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«No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres» (Romanos 12:17).

La ley del talión («ojo por ojo y diente por diente») no se limita a los tiempos de Moisés, sino que en la actualidad muchos países siguen un principio similar en sus códigos penales. Ameneh Bahrami era estudiante universitaria de electrónica en Irán cuando rechazó las propuestas sentimentales y sexuales que le hacía su compañero de estudios Majid Movahedi. Durante dos años insistió Majid, pero la joven no accedió. Un día, él la siguió hasta una parada de autobús y allí le arrojó a la cara un cubo de ácido sulfúrico, dejándola ciega y desfigurada. Siguiendo la directriz de la ley islámica, un tribunal sentenció a Majid a la pena del talión: ojo por ojo.

En el día designado y bajo supervisión legal, un médico anestesió a Majid para aplicarle el mismo ácido en los ojos y recibir así el castigo prescrito. En el último momento, Ameneh ofreció perdón a su agresor. El tribunal aceptó la decisión de la joven y Majid fue absuelto, aunque se mantuvo el cargo de pagar todos los gastos médicos por el tratamiento de los ojos y la cara de Ameneh. El perdón de esta joven sobrepasó los límites de la legalidad y siguió el generoso principio del versículo de hoy.

La ley del talión se aplicó en la antigüedad no para que hubiera venganza, sino para proteger al culpable de excesos, pues en ciertos casos la reacción podía ser desproporcionada. De hecho, las tres veces que la expresión «ojo por ojo y diente por diente» aparece en la Biblia (Éxodo 21:24, Levítico 24:20 y Deuteronomio 29:21), lo hace en el contexto legal, es decir, el código de base para las decisiones de un juez o un tribunal, nunca en el ámbito personal. Aunque el principio parezca cruel e implacable, era para el uso exclusivo y controlado de una autoridad judicial.

Pero Jesús presentó una visión revolucionaria frente a la aparente equidad del talión: «No paguéis a nadie mal por mal». ¡Cuántos problemas interpersonales quedarían inmediatamente resueltos si se aplicara este principio! Pero ¿cómo es posible que la víctima que ha sido dañada con odio y con saña no devuelva mal por mal? ¡Resulta humanamente imposible! Efectivamente, tal cosa no es posible desde el punto de vista humano, pero sí desde la perspectiva divina.

Ora hoy para que el Señor haga en ti de acuerdo con su promesa:«Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:13).

Marzo 25 Relaciones

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