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Día de encuentros

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«La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron» (Salmos 85:10).

Hilda y Simón Glasberg, dos hermanos nacidos en Chernowitz (Rumanía), vivieron junto a su familia -compuesta por los padres y otros cinco hermanos- hasta que, en 1941, debieron separarse luego de la invasión nazi al norte de Bucovina. Hilda se vio obligada a escapar junto con Bertha, su hermana mayor, y dos sobrinas, hacia Uzbekistán; mientras que Simón junto con el resto de la familia quedó en Rumanía. Pasó la guerra, pasaron los años y, entre medio, el desarrollo normal de la vida: casamientos, nacimientos, traslados (a distintos continentes) y el fallecimiento de los más ancianos. Durante seis décadas, estos hermanos estuvieron separados, creyendo que el holocausto había sido el triste final de cada uno de sus seres queridos. Pero llegó el nuevo siglo con sus nuevas tecnologías que, sumados al interés y la intervención especial de los nietos de Hilda, ayudaron a localizar a través de internet, a Simón, que vivía en esos momentos en Canadá. Luego de su anhelado encuentro, Simón expresó entre lágrimas, besos y abrazos:

-Esta es mi hermana, mi hermanita... Cuando la vi, solo pude besarla. Y no podía dejar de besarla.

De la misma manera, los principios que soportan el gobierno de Dios, la justicia y la misericordia, quedaron innecesariamente distanciados. Al invadir la tierra con sus artimañas, el enemigo de Dios esperaba presentar una paradoja, de manera que, si Dios perdonaba al transgresor manifestándole misericordia, lo acusaría de dejar a un lado su justicia; mientras que, si aplicaba sus juicios, alejaría de sí la misericordia. Pero el texto bíblico de hoy revela que la misericordia y la verdad, la paz y la justicia, se dieron una cita y se encontraron una vez más. En la cruz del Calvario, estos principios, injustamente separados, tuvieron un encuentro en el que se besaron largamente. Ante el universo entero quedó demostrado el carácter justo y misericordioso de Dios, al cumplir las exigencias de la Ley y, juntamente, ofrecer su vida en rescate del pecador arrepentido.

La unión de la justicia y la misericordia en el plan de la redención del hombre comprende un tema de profunda meditación. Estos principios también debieran manifestarse en la vida de cada hijo de Dios. A veces, tendemos a inclinarnos hacia uno de ellos, en desmedro del otro, como si ambos principios fuesen mutuamente excluyentes. Sin embargo, podemos permitir a Dios que manifieste su justicia y misericordia a través de nuestras vidas. Unidos a él y meditando en su carácter seremos transformados a su semejanza.

¿Estás listo para el encuentro? ¡Alabado sea Dios!

Abril 13 Principios y Valores

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