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Uvas de exportación

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«¿Que más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?» (Isaías 5:4).

Quien quiera cultivar un viñedo debe reconocer que, para obtener una óptima cosecha, deberá realizar numerosos trabajos y cuidados. Cada estación del año se asocia a tareas bien específicas; varias veces al año, por ejemplo, es necesario arar o remover la tierra con el propósito de airearla; en el invierno, la tarea de suprimir sarmientos del año anterior y conservar determinada cantidad de yemas por cepa, hace laboriosa la tarea de poda; durante el verano, se deben proteger las plantas contra diversas plagas y malas hierbas; y en el otoño, la época de la vendimia consumirá las fuerzas del más prevenido viñador. En el hemisferio Sur, Chile cuenta con más de cincuenta y tres mil hectáreas de viñedos, con una producción de ochocientas mil toneladas de fruta cada temporada.

La Palabra de Dios compara el cuidado del viñedo con el cuidado que Dios tiene por su pueblo. «Voy a entonar en nombre de mi mejor amigo el canto dedicado a su viñedo. Mi amigo tenía un viñedo en un terreno muy fértil. Removió la tierra, la limpió de piedras y plantó cepas de la mejor calidad. En medio del sembrado levantó una torre y preparó también un lugar donde hacer el vino. Mi amigo esperaba del viñedo uvas dulces, pero las uvas que este dio fueron agrias» (Isaías 5:1-2, DHH). Luego, se pregunta, tal como lo expresa el versículo de hoy:«¿Qué más se podía hacer a mi viña que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?» (Isaías 5:4).

¿Puedes imaginarte qué gran decepción habiendo hecho todo lo necesario para lograr una excelente cosecha encontrar fruta inservible? Siendo que el viñedo de Dios es su pueblo, ¿te has preguntado cuál es el fruto que Dios espera de él? ¿Serán los frutos del Espíritu, como amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza? (Gálatas 5:22-23). Por supuesto que sí. Sin embargo, hay también otros frutos que a veces son pasados por alto y son precisamente los que se mencionan en la parábola de la viña. Se trata del juicio y la justicia. Dios espera juicios justos, pero encuentra en su lugar, servilismo, asesinatos y maldad; espera justicia, y encuentra gritos de angustia y de dolor (Isaías 5:7). La justicia y la rectitud, son principios que sustentan el trono de Dios junto con el amor y la misericordia. Él espera ver estos frutos en tu vida y en la mía. ¿Los encontrará?

Abril 14 Principios y Valores

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