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Humildad

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«Hombre, el te ha declarado lo que es bueno, lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios» (Miqueas 6:8).

La palabra humildad suele tener diferentes acepciones. Santiago 1: 9 menciona al «hermano que es de humilde condición» entendiendo la humildad como pobreza. Otros pasajes, equiparan la humildad a la sumisión y mansedumbre. Jesús dijo:«Así que cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos» (Mateo 18:4). Todavía otros versículos conciben la humildad como una«virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento»(Diccionario de la lengua española). Romanos 12: 16 podría ejemplificar este sentido al decir:«Unánimes entre vosotros; no seáis altivos, sino asociaos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión».

Efectivamente, una persona humilde es una persona que no presume de sus logros, actúa sin orgullo y manifiesta sumisión. Pero ¿sumisión a quién? El tema de la sumisión suele ser mal entendido. A veces, las personas son juzgadas como soberbias o arrogantes por no someterse a la voluntad de otras personas. Sin embargo, la Biblia es clara al mencionar que nuestra sumisión debe ser primeramente a Dios (véase Santiago 4: 7) y luego a otras personas. En este último sentido, el apóstol Pablo aclara que dicha sumisión queda condicionada al temor de Dios, enfatizando: «Someteos unos a otros en el temor de Dios» (Efesios 5:21).

Pedro y Juan enseñaban al pueblo acerca del evangelio de Cristo (Hechos 4). Pero las autoridades religiosas de su tiempo, molestos con sus enseñanzas, los apresaron (vers. 3), los amenazaron (vers. 17) y los intimaron (vers. 18) para que dejaran de hablar y enseñar en el nombre de Jesús. Imagínate que hasta se enfurecieron con ellos y deseaban matarlos (5:33). Sin embargo, a pesar de las persecuciones, los apóstoles declararon con denuedo: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (5:29).

Así también en nuestros días es posible sufrir amenazas o persecuciones por causa de la verdad. Si humillamos cada día nuestra alma ante el Rey del universo, no necesitaremos humillarla ante personas que utilizan dichos métodos, aun en el nombre del Señor. Preciosas promesas hay para quienes así lo hagan:«Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: “Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”» (Isaías 57:15).

Abril 18 Principios y Valores

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