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Paciencia y perseverancia

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«¿Cuál es mi fuerza para seguir esperando? ¿Cuál es mi fin para seguir teniendo paciencia?» (Job 6:11).

Una fría mañana de 1916, Glenn y Floyd fueron los primeros niños en llegar a la escuela. Mientras esperaban la llegada de los profesores y compañeros, se dispusieron a encender la estufa de la sala de clases; pero, repentinamente, un desdichado accidente provocó la explosión de la estufa y acabó con la vida de Floyd, dejando a Glenn seriamente herido. Las quemaduras recibidas en la mitad inferior del cuerpo eran tan profundas y extensas que el pronóstico del médico no fue más alentador que su tratamiento: quedaría inválido de por vida, pues debían amputarle ambas piernas. Pero ni Glenn ni sus padres consintieron en ello y, por varios días, trataron de persuadir a los médicos para aplazar la operación, mientras suplicaban a Dios para evitar tan dramática cirugía. Pasaron los días y, a pesar de haber perdido algunos músculos de las piernas y varios dedos de los pies, la cirugía nunca se realizó. En su lugar, siguió un lento y cansador proceso de rehabilitación. Con el tiempo, gracias a los masajes diarios que le daba su madre y a una determinación de hierro, Glenn se puso de pie. Al principio se arrastró, luego comenzó a caminar con apoyo, más tarde dejó las muletas, y un día comenzó a correr... ¡hasta convertirse en el corredor más veloz del mundo!

Glenn Cunningham, con esfuerzo y perseverancia, superó varios récords mundiales. En 1934, batió el record mundial para la milla; luego lo hizo para los 800 metros y, posteriormente para los 1500 metros, en ocasión de los Juegos Olímpicos de Berlín celebrados en 1936.

A veces, cuando las cosas van mal, surgen en nuestra mente sentimientos de desánimo que nos llevan a pensar que no vale la pena seguir luchando. ¿Sabes? Son precisamente esos momentos los que nos dan la oportunidad de hacer de nuestra vida una fuente de inspiración.

Glenn decidió que no desistiría. Dos años se demoró para ponerse de pie, y no lo hizo sin sufrir fuertes dolores en sus piernas. A pesar de ello, decidió que caminaría y luchó con paciencia y perseverancia hasta conseguirlo.

En medio de la adversidad, Job se preguntó:«¿Cuál es mi fuerza para seguir esperando? ¿Cuál es mi fin para seguir teniendo paciencia?». Con su versículo favorito, este atleta de Kansas le podría responder:«Mas los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán» (Isaías 40:31).

También tú podrás ponerte de pie si, con paciencia y perseverancia, reclamas la fuerza que viene del cielo.

Abril 21 Principios y Valores

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