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El Señor me escucha

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«En mi angustia invoqué a Jehová y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su Templo y mi clamor llegó hasta sus oídos» (Salmos 18:6).

Aunque a veces no nos resulte claro, según la promesa de hoy, Dios permanece junto a nosotros y escucha nuestro clamor. Es reconfortante tener la certeza de que, en medio de angustias, pruebas y dificultades, el Señor oye nuestra voz y nuestro clamor llega a sus oídos. En la antigua Persia, al menos durante el reinado de Asuero, existía una ley por la que se condenaba a muerte a cualquiera que entrare al patio interior para ver al monarca sin haber sido llamado (Ester 4:11). No parece que fuera por seguridad, pues hasta la propia reina estaba sujeta a esta ley, tal y como se ve en la historia de Ester.

¡Qué contraste colosal entre aquella regla tirana y la actitud del Rey del universo! Jesús nos espera a la puerta y desea que abramos, que estemos con él, que conversemos con él y que cenemos con él (Apocalipsis 3:20). Tan deseoso está de nuestra compañía que antes de que lo llamemos ya está listo para responder (Isaías 65: 24). Sí, podemos estar sujetos a tribulaciones muy difíciles, pero en cualquier caso el Señor está dispuesto a oír nuestra voz y auxiliarnos y acompañarnos en la hora más terrible.

Otra enseñanza del versículo de hoy es que Dios nos escucha desde su templo. Por supuesto que Dios es omnipresente y todopoderoso y nos escuchará dondequiera que nos encontremos. Pero la mención específica al templo nos recuerda la bendición de invocar el nombre de Dios en el templo, en la iglesia, en la congregación de creyentes. Amanda Nicholson de la Universidad de Londres (UCL, por sus siglas en inglés) llevó a cabo un estudio publicado en la revista científica Social Science & Medicine (vol. 69, 2009, 519-528) en el que analizó los datos de unos cuarenta mil sujetos de veintidós países europeos, mitad varones y mitad mujeres. Entre los hombres encuestados, quienes no asistían a servicios de culto, eran casi dos veces más propensos a describir su salud como mala que aquellos que asistían al menos una vez por semana. Los resultados para las mujeres fueron similares, aunque con una diferencia algo menor. Parece evidente que tanto la espiritualidad como la salud se benefician de encontrarnos con Dios en el templo.

Dedica hoy tiempo a la oración con la plena certeza de que él te oye; procura además la asistencia a la iglesia, la adoración en la comunidad de fieles. Notarás resultados sorprendentes.

Mayo 03 Resiliencia

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