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Firme en las alturas

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«Es el quien me arma de valor y endereza mi camino; da a mis pies la ligereza del venado, y me mantiene firme en las alturas» (Salmo 18:32-33, NVI).

La Biblia habla de varios acontecimientos de importancia que ocurren en las alturas montañosas. El Señor escogió montes para revelarse de manera especial. Además, promete transmitir fuerza y ligereza a los pies del caminante para que ascienda a lugares altos y se mantenga firme.

El monte Sinaí, por ejemplo, fue escogido por Dios para mostrar su presencia por medio de truenos, relámpagos, nubes, humo como de un horno, voz de trueno... En aquel ambiente sagrado permaneció Moisés cuarenta días y cuarenta noches. Allí entregó Dios a Moisés las tablas de la Ley escritas con su propio dedo y allí Aarón, Nadab, Abiú y setenta ancianos de Israel, junto con Moisés, vieron a Dios (Éxodo 24).

En el monte Carmelo se manifestó Dios de forma espectacular enviando fuego del cielo para consumir el holocausto, el altar, el polvo y hasta el agua de la zanja, mientras que las oraciones y ritos abominables de los profetas de Baal no produjeron efecto alguno. Allí también oró Elías pidiendo la ansiada lluvia después de una larga sequía y Dios le respondió (1 Reyes 18).

Jesús mostró su divinidad a Pedro, Santiago y Juan en el monte de la transfiguración. En la cumbre su rostro resplandeció como el sol y se aparecieron Moisés y Elías. Dios mismo habló y confirmó la identidad y la autoridad de Jesús (Mateo 17).

La Biblia habla de otros montes donde ocurrieron grandes cosas: Ararat, Calvario, Sión, los Olivos, etcétera. Para alcanzar la cumbre es necesario esfuerzo, cada paso es duro e incluso doloroso; requiere una medida de preparación física y también un estado mental que el Señor imparte, una destreza comparable a la ligereza del venado. Ya en la cima, podemos vivir una experiencia inefable. La resiliencia solo surge con cierta medida de dolor. Las experiencias difíciles, las barreras y las limitaciones de la vida pueden ser el único camino para obtener resiliencia y salir de la crisis más fortalecidos.

Recordemos además que, después de los momentos álgidos, hemos de regresar al valle. Pedro, Santiago y Juan querían quedarse en el monte por la grandeza de la presencia divina, pero tuvieron que descender. Igualmente nosotros decimos «adiós» a momentos álgidos una y otra vez, pues debemos seguir trabajando en el valle. Sin embargo, ese «adiós» no ocurrirá cuando Jesús regrese. Él recibirá a los redimidos en el aire para iniciar el glorioso ascenso hacia las moradas celestes para estar eternamente con ellos (1 Tesalonicenses 4:17).

Mayo 05 Resiliencia

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