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En apuros, pero no desesperados

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«Que estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no destruidos» (2 Corintios 4:8-9).

El texto de hoy sintetiza la actitud más optimista posible en medio de la aflicción. El optimismo es uno de los factores de más peso en la salud mental. Hoy es bien sabido que la actitud optimista protege eficazmente contra la depresión y la ansiedad, los dos trastornos psicológicos más frecuentes. Pero el optimismo no consiste en verlo todo de color de rosa. Hay experiencias amargas y penosas que de ningún modo pueden verse como buenas. Sin embargo, siempre podemos clamar que, en la línea continua del desastre, no hemos llegado al extremo límite. Por la gracia de Dios, aun en las situaciones más graves, no estaremos angustiados, ni desesperados, ni desamparados, ni destruidos.

El apóstol testifica que el seguidor de Cristo puede evitar esos cuatro extremos. Primero, la angustia es la aflicción más extrema y dolorosa, el padecimiento más intenso traducido en tormento físico y psicológico. Segundo, la desesperación es la sensación de que el cúmulo de problemas ni se está resolviendo, ni se resolverá. En tercer lugar, el desamparo es la ausencia total de protección en situaciones en las que las circunstancias son inmensamente poderosas. Y, por último, la destrucción es la derrota personal completa en la que el vencido queda sin fuerza alguna para restablecerse. Dios, en su inmenso amor, no consentirá que sus hijos alcancen tales límites. El apóstol nos asegura de que, a pesar de la tribulación, los apuros, la persecución o las caídas, Dios nos guardará de esos extremos.

El enviado de las Naciones Unidas a Chipre, Lord Caradon, en un discurso ante la Sociedad Bíblica Americana, recordó la ocasión cuando era gobernador de Chipre en sus tiempos de colonia británica. La crisis política alcanzó un grado peligroso de dificultad. Su padre, experimentado diplomático y hombre piadoso, le envió un telegrama con las palabras: «Segunda Corintios Cuatro: Ocho y Nueve». El joven diplomático, conocedor del texto, recobró el ánimo porque entendió que Dios poseía el control de la situación y no le permitiría la angustia, la desesperación, el desamparo o la destrucción que menciona el versículo.

El texto de hoy resulta altamente reconfortante para quienes pasan por dificultades en la salud, las relaciones, el trabajo... Si ese es tu caso, piensa en el castizo refrán: «Dios aprieta, pero no ahoga», que es una forma vulgar de expresar el pensamiento de hoy. El Señor nunca te llevará a límites extremos. Solo espera en Jehová y recobrarás el buen ánimo (Salmos 27:14).

Mayo 07 Resiliencia

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